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Los primeros días de la vida de una estrella

No hay formación de estrellas sin la contracción de gas y polvo. ¿Por qué se observan, pues, corrientes de materia que fluyen hacia el exterior?

C. Robert O’Dell, Mark McCaughrean y John Bally, Telescopio Espacial Hubble y NASA

Cualquier noche de invierno en el hemisferio norte, a eso de las 24 horas, observando el firmamento. ¿Qué vemos al sur? La constelación de Orión el Cazador, probablemente el grupo de estrellas mejor conocido después de la Osa Mayor (El Carro). Debajo del cinturón de Orión, dibujado con nitidez por tres estrellas prominentes en línea, se distingue la Espada del Cazador, en cuyo centro apreciamos una mancha débil y borrosa. Se trata de la nebulosa de Orión, una incubadora estelar gigantesca donde se arraciman miles de nuevas estrellas.

Orión es ideal para el estudio del nacimiento de estrellas. Se halla cerca —a 1500 años-luz de distancia— y aloja una excelente mezcla de estrellas de gran masa y otras de masa pequeña. Contiene también una gran cantidad de gas y polvo en forma de nube molecular. Ese tipo de nubes facilita la materia originaria de nuevas estrellas. Lo que acontece ahora en Orión debió de ocurrir en nuestra parte de la galaxia hace 5000 millones de años, cuando aparecieron el Sol y sus planetas.

El afán por desentrañar el mecanismo de formación de estrellas y planetas, asunto central en astronomía, viene de lejos. Pese a ello persistió largo tiempo desconocido. Hace veinte años los astrónomos sabían más de los tres primeros minutos del universo que de los primeros 3000 millones de días de la vida de nuestro sistema solar. Pero el velo se ha ido corriendo a lo largo del postrer decenio. Resulta ser que las estrellas muy jóvenes se parecen, en miniatura, al corazón de un cuásar; expulsan poderosos chorros de material hacia el exterior con el barrido coadyuvante de los campos magnéticos. Estas fuentes estelares de juventud, cuya espectacularidad recogen las fotografías, permiten resolver las paradojas que durante mucho tiempo atenazaron a los astrónomos.

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