Clonación del Arca de Noé

Se confía en la biotecnología para evitar que algunas especies en peligro de extinción desaparezcan del planeta.
Con el nacimiento de Noé, un gaúr macho, se traspasó la barrera específica en la clonación. Parido por una humilde vaca, el becerro nacido el 8 de enero, y muerto 48 horas más tarde, pertenecía a una especie distinta, un grupo de animales de gran tamaño parecidos al buey cuyo número escasea en sus lugares de origen: India, Indochina y el sudeste de Asia. Estos bovinos salvajes, víctimas de la caza deportiva durante generaciones, vienen a pesar alrededor de una tonelada. En los últimos años han sufrido, además, una intensa reducción del medio donde habitan, los bosques, las junglas de bambú y las praderas. Se calcula que sólo unos 36.000 ejemplares permanecen en estado salvaje. En el Libro Rojo de la Unión Mundial para la Conservación de la Naturaleza-IUCN, el gaúr se numera entre las especies amenazadas. El comercio de esos animales o de sus productos -cuernos, pieles o cascos- está prohibido por la Convención sobre Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES).
Tras Noé se espera que otras especies suban con más suerte la rampa del arca. Hay planes en marcha para clonar el antílope africano Bongo, el tigre de Sumatra y el panda gigante. Se investiga incluso en la posibilidad de devolver a la vida especies extintas; la más inmediata, quizás, el bucardo (subespecie de cabra montés) de España. El último bucardo, una hembra, murió a principios del año 2000, aplastada por un árbol. Pero un equipo de científicos españoles habían conservado algunas de sus células.

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