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1 de Febrero de 1989
Ingeniería óptica

Láseres de rayos X blandos

Un cuarto de siglo después de que apareciera el láser óptico, los láseres experimentales de rayos X han empezado a producir haces de fotones con longitudes de onda cien veces más cortas que las de la luz visible.

Transcurridos treinta años desde su invención, los láseres se han convertido en algo corriente en nuestra sociedad. Producen luz altamente concentrada, con una longitud de onda única; son los componentes fundamentales de aparatos muy dispares: sistemas de guía inercial de los aviones a reacción, bisturís de alta precisión utilizados en cirugía, lectoras de códigos de barras instaladas en los supermercados, equipos de reproducción de los discos compactos e impresoras láser.

El desarrollo del láser se ha caracterizado por una progresión continua hacia longitudes de onda cada vez más cortas. En un sentido estricto, los primeros láseres, construidos a finales de la década de 1950, eran máseres, dispositivos que no producían luz visible sino una radiación de longitud de onda mucho más larga: microondas. Un máser típico emitía un haz de microondas con una longitud de onda de cinco centímetros, algo menor, pues, que las señales de televisión de frecuencia ultraelevada. El láser propiamente dicho surgió hacia 1960. Corrientemente, un láser óptico emite un haz de luz visible con una longitud de onda de unos 500 nanómetros, lo que supone que su longitud de onda se ha reducido, respecto a la del máser, en un factor de 100.000. (Un nanómetro equivale a la mil millonésima parte del metro.)

Uno de los sueños más huidizos de los físicos que han desarrollado el láser ha sido el de la producción de un láser de rayos X. Como sucede con las microondas, los rayos X difieren de la luz visible en su longitud de onda. Los rayos X ocupan la región del espectro de ondas electromagnéticas comprendida entre 10 y 0,01 nanómetros. Las longitudes de onda mayores suelen designarse con el calificativo de "blandas", debido a que los fotones de tales longitudes de onda son incapaces de atravesar el aire o los tejidos vivos. Las longitudes de onda más cortas, las de 0,03 nanómetros que utilizan los dentistas, por ejemplo, reciben el apelativo de "duras", para poner de manifiesto su poder penetrante.

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