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1 de Octubre de 2002
Lingüística

La conservación de las lenguas moribundas

Hace mucho que los lingüistas saben que miles de lenguas de todo el mundo corren un grave riesgo de extinguirse, pero están dispuestos a hacer algo al respecto, y cuentan con el dinero para ello, sólo desde hace poco.
Hace diez años Michael Krauss sacudió al mundo de la lingüística con su predicción de que dentro de un siglo la mitad de las aproximadamente 6000 lenguas que se hablan en el mundo habrán desaparecido. Krauss, profesor de lingüística comparada en la Universidad de Alaska-Fairbanks, había fundado el Centro de Lenguas Nativas de Alaska en un intento de preservar cuanto se pudiera de las 20 lenguas aún conocidas por la población indígena del estado. De ellas, sólo dos se enseñaban a los niños. Algunas otras existían sólo en los recuerdos de unos pocos ancianos; las demás estaban cayendo rápidamente en desuso. La situación en Alaska simbolizaba la pauta mundial, observaba Krauss en la revista de la Sociedad Americana de Lingüística. A menos que los científicos y los jefes de las comunidades dirigiesen un esfuerzo a escala mundial para estabilizar la decadencia de las lenguas locales, advertía, nueve décimos de la diversidad lingüística de la humanidad estarían probablemente condenados a la extinción.
La predicción de Krauss era poco más que una conjetura autorizada, pero otros lingüistas prestigiosos ya habían dado voces de aviso similares. Kenneth L. Hale, del Instituto de Tecnología de Massachusetts, señalaba en el mismo número de la revista que ocho lenguas sobre las que había hecho trabajos de campo ya no existían. Una encuesta efectuada en Australia en 1990 descubrió que, de las 90 lenguas aborígenes supervivientes, 70 eran utilizadas sólo por algunos grupos de edad. Lo mismo ocurría con casi 20 de las 175 lenguas nativas americanas habladas o recordadas en Estados Unidos, según expuso Krauss en 1992 ante un comité del Congreso.

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