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Gran Zimbabwe

Esta antigua ciudad de los shona fue durante siglos nudo capital de una vasta red comercial. Sus ruinas han desencadenado un intenso debate sobre la cultura de Africa a lo largo de su historia.
En el extremo sur del altiplano de Zimbabwe, en un valle situado entre los ríos Zambeze y Limpopo, se halla el mayor y más precioso yacimiento arqueológico del Africa subsahariana. Con su alto torreón cónico, sus largos y curvados muros de piedra y sus artefactos cosmopolitas, Gran Zimbabwe atestigua la existencia de una próspera ciudad que, por los siglos xii a xvii, debió de dominar el comercio y la cultura del Africa meridional. Sus impares arquitectura y escultura --especialmente las enigmáticas aves esculpidas en esteatita-- dan fe de la riqueza de una historia cuyos misterios aún siguen tratando de descifrar los arqueólogos. Zimbabwe, que se llamaba Rhodesia hasta que en 1980 se independizó de Inglaterra, tomó su nombre actual de este yacimiento.
Como muchas ciudades antiguas, Gran Zimbabwe se ha visto envuelta en la leyenda. Allá por el 1500, los mercaderes portugueses que visitaban Angola y Mozambique --donde establecieron colonias-- escribieron acerca de un reino del interior de Africa. Sus descripciones ilusionaron a muchos europeos con que allí se encontrarían las minas del rey Salomón, pues éste, según la Biblia, recibía su oro de Ofir. En El Paraíso perdido, John Milton sitúa Ofir en algún lugar próximo al Congo y Angola. Este sugerente mito de la ciudad de Ofir habitada por el pueblo semita configuró las posteriores interpretaciones de la historia y la cultura de Gran Zimbabwe. Aquella fábula es, en buena parte, la causa de que en este yacimiento siga habiendo aún tantos misterios para la arqueología. Pues aunque la historia de Gran Zimbabwe es, originariamente, la de la cultura de los primeros shona y de la Edad del Hierro africana, también hay que contar con los influjos del colonialismo y de una arqueología a menudo desastrosa por lo inepta y entreverada de connotaciones políticas.

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