La forma de los nidos

Los pájaros empezaron por construir nidos abovedados antes que los de forma en copa.

Nido en copa de un chingolo cejiblanco (Spizella passerina). [SHARON BEALS]

¿Qué fue primero, el cuenco o la bóveda? A diferencia de la antigua adivinanza del huevo o la gallina, esta pregunta parece tener respuesta. Un reciente estudio plantea que el familiar nido abierto en forma de copa o cuenco que confeccionan casi tres cuartas partes de los pájaros paseriformes (aves canoras) es una modificación de los nidos cubiertos más o menos esféricos que hoy solo construye un reducido número de ellos.

La mayoría de los biólogos ha teorizado que la forma del nido evolucionó en sentido inverso, del cuenco a la bóveda. Pero, hace poco, un grupo de investigadores ha sometido a prueba esa hipótesis al superponer los datos de las estructuras de los nidos sobre tres árboles filogenéticos, concebidos para representar los lazos evolutivos entre 281 paseriformes de Australia. El equipo reparó en que las especies pertenecientes a ciertos linajes primitivos, como las aves-lira (Menuridae), los matorraleros (Atrichornithidae) y los acantisitas (Acanthisittidae), aún construían nidos con techo, dato que sugiere que los ancestros de los paseriformes fabricaban nidos abovedados. Un análisis estadístico de la probabilidad de que determinadas configuraciones de nido se originaran en tiempos remotos confirmó la corazonada: la forma abovedada apareció primero.

También se ha constatado que la fabricación del nido en forma de cuenco surgió en repetidas ocasiones y en diferentes linajes; 187 de las especies estudiadas lo construyen en la actualidad. Los resultados se detallaron el pasado febrero en Proceedings of the Royal Society B.

La forma abierta ofrece ciertas ventajas, como la sencillez de su construcción o la rápida huida en caso de peligro. «Creo que la mayoría de nosotros ha supuesto que el nido techado es un refinamiento del nido en copa en parte porque el primero resulta infrecuente en la actualidad», afirma uno de los autores, J. Jordan Price, profesor de biología en el Colegio St. Mary de Maryland. «Es un buen ejemplo de que la prevalencia actual de cierto rasgo no refleja necesariamente el orden de los acontecimientos a lo largo de la historia evolutiva.»

Los hallazgos podrían poner al día el estudio de la evolución del nido, asegura Gavin Leighton, biólogo evolutivo del Laboratorio de Ornitología de Cornell, ajeno al estudio. «Creo que cada vez habrá más interés por determinar los escenarios ecológicos que condicionan cada tipo de nido», opina. Parece que no pueden ponerse todos los nidos en un solo cesto.

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