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1 de Noviembre de 2012
Agricultura

La revolución de los garbanzos

UFUK ZIVANA, iStockphoto

Etiopía es una isla de relativa calma en una región muy volátil. El año pasado, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) pidió una expansión de la economía de Etiopía y un aumento del rendimiento de sus cosechas, como forma de mejorar la estabilidad en África Oriental.

La agencia se centró en un cultivo esencial: el garbanzo (Cicer arietinum), muy apreciado como ingrediente del hummus o en complementos nutritivos para las regiones que sufren hambrunas. También constituye un cultivo relativamente sostenible: actúa como fertilizante natural, al fijar el nitrógeno en el suelo, y requiere menos agua que otros cultivos populares, como el cereal africano tef.

Etiopía ya era el mayor productor de garbanzos de África, pero los investigadores querían desarrollar semillas más eficientes. En agosto de 2006, en el Journal of Semi-Arid Tropical Agricultural Research, un grupo del Instituto Internacional de Investigación sobre Cultivos de los Trópicos Semiáridos (ICRISAT) identificó rasgos favorables en más de 20.000 variaciones del código genético del garbanzo. Ello permitía cultivar plantas que madurasen más rápido y presentasen mayor resistencia a la sequía y a las enfermedades. En lugar de utilizar herramientas biotecnológicas, se aplicaron técnicas tradicionales de hibridación de vegetales, que son eficaces y presentan un coste asumible. Los científicos del ICRISAT están empleando las mismas técnicas en diversos países en desarrollo. Tanzania, Sudán, Kenia, Myanmar y la India se están beneficiando de ellas en cultivos como el garbanzo, el guandú, el cacahuete, el mijo perla y el sorgo.

Las semillas mejoradas del garbanzo ya han marcado una diferencia sustancial: la cosecha de la legumbre en Etiopía aumentó un 15 por ciento entre marzo de 2010 y marzo de 2012. Los agricultores venden garbanzos enteros y secos a los mercados locales, los cuales vuelven a venderlos como tentempiés o los muelen para convertirlos en harina. Un mercado de exportación en crecimiento compra la cosecha para satisfacer la creciente demanda de hummus. El año pasado, PepsiCo, una de las propietarias de Sabra, empresa fabricante de hummus, colaboró con USAID y con el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas para mejorar el acceso de los agricultores etíopes a semillas más productivas y a prácticas agrícolas sostenibles, como el riego por goteo. Timothy Durgan, del Programa de Crecimiento Agrícola de USAID, afirma: «Unas mejores prácticas agrícolas deberían permitir que Etiopía aumente las exportaciones, además de satisfacer la demanda local».

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