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THOMAS FUCHS

Los avances en neurociencia e ingeniería informática están derivando en nuevas formas de ayudar a comunicarse a aquellos que no pueden hablar o que sufren problemas de movilidad. Buena parte de las nuevas técnicas se basan en herramientas informáticas para analizar la actividad cerebral de los sujetos y convertirla en letras u otros símbolos. En un estudio publicado en línea en la revista Current Biology el pasado mes de junio, Bettina Sorger, de la Universidad de Maastricht, y sus colaboradores enseñaron a seis adultos sanos a responder a diversas preguntas seleccionando con la mente las letras que aparecían en una pantalla.
Desde el interior de un escáner de resonancia magnética funcional, que mide los cambios de flujo sanguíneo en el cerebro, los voluntarios miraban una pantalla que mostraba las letras del alfabeto y una barra espaciadora, todo ello organizado en filas y columnas. Cada una de las tres filas se hallaba emparejada con una de tres tareas mentales: una de imaginación motriz (como trazar escaleras o flores con la mente), otra de cálculo mental (en la que los sujetos repasaban las tablas de multiplicar) y una tercera de habla mental (recitar en silencio un poema o una oración). En cada momento, se resaltaba un bloque de letras en la pantalla. Para elegir una letra en concreto, los participantes esperaban a que la pantalla resaltase esa letra y realizaban la tarea mental asociada a la fila correspondiente. El programa informático, que no podía leer los pensamientos de los voluntarios, pero sí distinguir entre los distintos tipos de actividad cerebral, consiguió un 82 por ciento de aciertos.
Aunque el estudio de Sorger no supone más que una prueba de concepto, el nuevo programa augura un complemento prometedor para un conjunto creciente de técnicas similares. Niels Birbaumer, de la Universidad de Tubinga, ha creado un «dispositivo traductor de pensamientos», el cual permite que un individuo con problemas de movilidad deletree palabras y elija pictogramas a través de electrodos colocados en el cuero cabelludo. John Donoghue, de la Universidad Brown, y sus colaboradores enseñaron a un hombre paralizado a abrir su correo electrónico y a jugar al Pong, un videojuego, moviendo un cursor con la mente.
Otros investigadores también han creado interfaces cerebro-ordenador que permiten a un tetrapléjico escribir con la mente una o dos palabras por minuto en una pantalla, así como dispositivos que convierten el pensamiento en sonidos vocálicos pronunciados por un sintetizador de voz. Sorger considera que el programa informático que sus colaboradores y ella han desarrollado podría complementar esas técnicas y espera perfeccionarlo en los próximos años. «Incluso si una sola persona se beneficiase de nuestro trabajo, habría merecido la pena», concluye.

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