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1 de Octubre de 2012
Cognición

¿Seremos cada vez más inteligentes?

El aumento constante del cociente intelectual de la población refleja la manera en que nuestras mentes se adaptan al mundo que estamos creando.

WIKIMEDIA COMMONS_Theon_CC BY-SA 3.0

En síntesis

Las puntuaciones en los tests de inteligencia han venido aumentando sin cesar desde hace más de un siglo. El fenómeno se conoce como efecto Flynn.

Dicho incremento se observa en las pruebas que intentan medir los aspectos «no culturales» de la inteligencia, como el emparejamiento de figuras geométricas.

Se cree que el efecto obedece a la creciente capacidad de abstracción que exige vivir en una sociedad cada vez más tecnificada. El resultado es un bucle cuyo fin no se espera para dentro de poco.

Hace 28 años, James R. Flynn, investigador de la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda, descubrió un fenómeno para el que los sociólogos aún buscan una explicación: los resultados en las pruebas de cociente intelectual (CI) han venido mejorando sin cesar desde principios del siglo XX. Flynn examinó los tests de inteligencia de más de dos docenas de países y descubrió que las puntuaciones se incrementaban a razón de 0,3 puntos al año: tres puntos por decenio. Esta progresión, hoy conocida como efecto Flynn, ha sido confirmada tras casi 30 años de seguimiento en numerosos países. Las puntuaciones continúan en alza.

«Para mi sorpresa, el aumento prosigue aún en el siglo XXI», observa Flynn, cuyo último libro, Are we getting smarter? («¿Nos hacemos más inteligentes?», Cambridge University Press), fue publicado el pasado mes de septiembre. «Los datos más recientes indican que, en EE.UU., la progresión continúa al ritmo de tres décimas al año.»

Uno de los aspectos más insólitos del efecto es su inexorable monotonía. No se ralentiza; tampoco se detiene y vuelve a empezar. Progresa sin más, «como guiado por una mano invisible», sostiene Flynn. Joe Rodgers, psicólogo de la Universidad de Oklahoma, examinó los tests de inteligencia de casi 13.000 estudiantes estadounidenses para comprobar si podía aislar el efecto en escalas de tiempo más gruesas: «Nos preguntábamos si las puntuaciones de los estudiantes quizá mejoraban en períodos de cinco o diez años. Bien: mejoran en períodos de un año», asegura Rodgers. «El aumento aparece de manera sistemática año tras año. Los chicos nacidos en 1989 responden algo mejor que los nacidos en 1988.»

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