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KEVIN MACKENZIE, WELLCOME IMAGES

Cuando el riñón no depura adecuadamente las sales y los minerales, estos desechos se acumulan en pequeñas y dolorosísimas concreciones llamadas cálculos renales. Uno de cada once estadounidenses los padece, lo que supone el doble que hace veinte años, en parte como consecuencia de la epidemia de obesidad. Si alcanza el tamaño de una pepita de uva, el cálculo circula sin obstáculo por el uréter del afectado. Esta electromicrografía de barrido con colores falsos (aumentada 50 veces) retrata uno de ellos con espeluznante detalle, con los cristales lisos de oxalato de calcio monohidratado erizados de afilados cristales anhidros.

Pero no todos los cálculos se eliminan con facilidad: algunos crecen hasta obstruir la vía urinaria y obligan a intervenir. El método más habitual para acabar con el problema es la litotricia por ondas de choque, una técnica incruenta que dirige ondas de alta frecuencia contra el cálculo con la presión suficiente para desmenuzarlo y convertirlo en granos de arena. Esta primavera un equipo de urólogos, ingenieros y matemáticos de la Universidad Duke ha mejorado la técnica al descubrir que la talla de un pequeño surco en la lente que concentra las ondas de choque optimiza la forma de las ondas, lo que mejora la precisión y reduce el daño en los tejidos circundantes. Se trata de una innovación bastante asequible y sencilla que pronto demostrará su utilidad en el tratamiento de los millones de pacientes que en todo el mundo padecen cálculos renales.

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