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1 de Junio de 2014
Evolución humana

El origen de la caza en los humanos

Durante décadas los antropólogos han debatido sobre cómo y cuándo se convirtieron nuestros antepasados en unos cazadores experimentados. Hallazgos recientes arrojan una sorprendente imagen.

CORTESÍA DE JAYNE WILKINS

En síntesis

Durante décadas los investigadores han estado enzarzados en un debate sobre cómo y cuándo surgió la caza en los humanos y qué papel ha desempeñado en nuestra evolución.

Estudios recientes sobre la anatomía humana, la industria lítica y los restos de fauna están aportando nuevos detalles sobre este cambio en la estrategia de subsistencia que conllevó el consumo de carne.

Los datos indican que la caza apareció mucho antes de lo que algunos científicos pensaban y tuvo una profunda influencia en las etapas siguientes de la evolución humana.

Hace 279.000 años, cerca de un gran lago en el centro del valle del Rift, en Etiopía, unos cazadores elaboraban con esmero unas pequeñas y afiladas puntas a partir de oscuros bloques de vidrio volcánico. Después de tallar este material quebradizo para crear filos cortantes, unían cada una de las puntas a un mango de madera para obtener una jabalina. Aunque para los estándares actuales podría parecer un avance técnico modesto, se trataba de una invención revolucionaria. Gracias a ella, los miembros de nuestro linaje disponían de un arma que les permitía cazar a distancia con más eficacia que con una sencilla lanza de madera. Pero no solo podían alcanzar una mayor variedad de animales; también tenían más posibilidades de salir indemnes de la caza al poner una distancia de seguridad entre ellos y las presas grandes y peligrosas, incluidos los hipopótamos que acechaban en los alrededores del lago.

Si la valoramos en su contexto, esa lanza con una punta de piedra puede considerarse el mayor logro de la humanidad de su tiempo. Pero aparte de las ventajas que supuso para la caza, quizá resulte aún más destacable el hecho de que se llegara a idear, fabricar y usar este dispositivo en apariencia sencillo gracias a la adquisición, a lo largo de decenas miles de generaciones, de los rasgos que ayudaron a nuestros antepasados a obtener carne.

En una época dominada por los supermercados y la comida rápida, se tiende a olvidar que los humanos somos cazadores natos. Cierto es que somos lentos, débiles y carecemos de los dientes y garras letales que esgrimen otros animales frente a sus presas. En comparación con otros carnívoros, como los cocodrilos o los guepardos, parecemos muy poco adaptados para la caza. No obstante, somos los depredadores más mortíferos del planeta, un honor que logramos mucho antes de crear vehículos o armas de fuego con las que perseguir y abatir a nuestras presas.

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