Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarle el uso de la web mediante el análisis de sus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúa navegando, consideramos que acepta nuestra Política de cookies .

Actualidad científica

Síguenos
  • Google+
  • RSS
  • Investigación y Ciencia
  • Diciembre 2003Nº 327

Climatología

Fusión en el norte

Los hielos marinos y los glaciares se funden, el permafrost se derrite y la tundra cede terreno a los arbustos. ¿Cómo afectarán esos cambios al Artico y al planeta entero?

Menear

Impresiona la lista: las temperaturas del aire más altas en cuatro siglos, la contracción de la capa de hielos de los mares, una fusión de la cubierta de hielo de Groenlandia de una magnitud nunca vista y los glaciares de Alaska contrayéndose a velocidades jamás registradas. Añádanse a esto el creciente volumen de agua descargado por los ríos rusos, una estación de crecimiento en el Artico que lleva alargándose varios días por decenio y el permafrost, que empieza a derretirse. Estas observaciones, consideradas en conjunto, anuncian, como ninguna medida suelta podría hacerlo, que el Artico experimenta una profunda transformación. Hasta qué punto, sólo se ha comprendido en los últimos diez años, al compararse los descubrimientos de diferentes disciplinas. Hoy colaboran los especialistas de unas y otras a fin de calibrar las ramificaciones de esos cambios y predecir qué les espera al Artico y al resto del globo.

Lo que descubran tendrá importancia planetaria, porque el Artico controla el clima en un grado fuera de proporción. De manera parecida a como el aliviadero de una presa mantiene o modifica el nivel del agua, las regiones polares controlan el equilibrio térmico de la Tierra. Como se absorbe más energía solar en los trópicos que en los polos, los vientos y las corrientes oceánicas transportan sin cesar calor hacia los polos, donde la enorme cobertura de nieve y hielo determina su destino. Mientras esta cobertura tan reflectora permanezca íntegra e inmensa, la luz solar que incide directamente sobre el Artico se reflejará y volverá en su mayor parte al espacio; el Artico se mantendrá frío y constituirá un depósito del calor llegado desde latitudes más bajas. Pero si la cobertura empieza a fundirse y contraerse, reflejará menos luz solar y el depósito ártico irá perdiendo su eficacia; el clima del planeta entero acabará por hacerse más cálido.

Puede conseguir el artículo en: