Muerte aparente preventiva

Poner el cuerpo humano en "modo de espera" protegería a los individuos gravemente heridos y mantendría la integridad de los órganos que, extraídos del donante, no se han trasplantado todavía.
La posibilidad de "congelar" la vida humana en un estado reversible de muerte aparente viene cautivando a los novelistas desde hace tiempo. En los relatos de ficción, los protagonistas "duermen" durante siglos de viaje interestelar o cataclismos terrestres y, luego, despiertan, inalterados por el paso del tiempo. Son relatos intrigantes, aunque inverosímiles desde el punto de vista biológico. Nada indica que el hombre pueda alterar el ritmo de su desarrollo vital. No podemos detener la actividad de nuestras células, ni dejar de respirar más de unos minutos sin que se produzca un daño grave de órganos vitales.
En la naturaleza, abundan sin embargo, organismos que sí pueden - y lo hacen - detener de forma reversible sus procesos biológicos esenciales, en algunos casos durante años. Los términos quiescencia, letargo o hibernación designan distintos grados de un mismo fenómeno: la muerte aparente, una reducción drástica de la producción de energía (metabolismo) y del consumo de la misma (actividad celular). Y lo que es más, en ese estado los organismos oponen una extraordinaria resistencia a las temperaturas extremas, a la falta de oxígeno, al daño físico y a otros factores de estrés ambiental.

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