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  • Investigación y Ciencia
  • Abril 2015Nº 463
Foro científico

Comunicación

La pseudociencia en los medios

La ineficacia de los mecanismos de control hace que los mensajes sin rigor científico se cuelen en la televisión y confundan al público.

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«Oler el limón previene el cáncer.» Afirmaciones como esta abundan en la televisión pública y nada sucede. ¿A qué se deben este tipo de situaciones? En nuestro grupo de investigación nos hemos propuesto desentrañar algunos de los factores responsables de la proliferación de informaciones falsas en los medios de comunicación españoles.

En un estudio reciente, cuyos resultados se publicaron en diciembre del año pasado en la revista Public Understanding of Science, entrevistamos a 49 periodistas científicos de España con el propósito de conocer sus opiniones y actitudes. Se dibujan dos grupos bien diferenciados: el de los que muestran preocupación por el fenómeno y el de los que no. El primero lo integran profesionales muy sensibilizados y con posiciones críticas. Se sienten incomprendidos e indefensos, y censuran a sus propios medios porque estos no ponen más barreras a las pseudociencias. Los del segundo grupo, en cambio, no dan importancia a la cuestión ni muestran sensibilidad. Su diagnóstico es claro: el ciudadano ya sabe distinguir lo que es ciencia de lo que no. Argumentan también que para ellos las pseudociencias no existen, porque en su medio no tienen cabida —algo que no siempre es cierto.

Una denuncia habitual de los entrevistados es que los mecanismos de control en los medios de comunicación fallan estrepitosamente. Los libros de estilo apenas hablan de ello; los códigos deontológicos tampoco; los defensores del lector o del espectador suelen ser tibios, así como los responsables de los medios, que muestran escaso interés por el asunto. Las quejas acostumbran a encontrar una serie de respuestas más o menos típicas: «hemos incluido el tema para ser más plurales», «debemos respetar la libertad de expresión», «no podemos ser talibanes de la ciencia», «la realidad es más diversa de lo que los científicos creen». Ante este panorama, la pseudociencia se frota las manos. Incluso en los lugares más eruditos (universidades, editoriales), consigue abrirse paso para desesperación de la comunidad científica.

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