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Gobios y blenios del Mar Menor

La diversidad de ambientes de la laguna favorece su reproducción y proliferación.

Durante la reproducción, los blénidos realizan distintas danzas nupciales. En la imagen se aprecia el cortejo entre dos lagartinas (Parablennius sanguinolentus) en un fondo rocoso. [JAVIER MURCIA REQUENA]

El Mar Menor es una laguna costera hipersalina, de unos 145 kilómetros cuadrados de superficie, localizada en el sureste de la península ibérica. Es una de las lagunas más grandes de Europa y presenta una elevada heterogeneidad debido a su gran diversidad de hábitats subacuáticos: praderas de vegetación sumergida, fondos arenoso-fangosos, afloramientos rocosos asociados a islas de origen volcánico y ambientes umbríos, estos últimos generados por los balnearios construidos sobre pilares de madera o cemento, un elemento característico del paisaje marmenorense. La enorme variedad de hábitats hacen que esta laguna albergue una rica comunidad de peces.

Hasta el momento, en nuestros estudios hemos contabilizado más de un centenar de especies, entre las que destacan las pertenecientes a las familias Gobiidae (gobios) y Blennidae (blenios), con hasta un total de 19 especies censadas de estos grupos. Se trata de peces generalistas, que viven en un amplio espectro de condiciones ambientales y ocupan lugares cuyas características especiales impiden la proliferación de posibles competidores o depredadores. Los sustratos rocosos son especialmente preferidos por estos peces, ya que los utilizan como soporte para adherir las puestas de huevos.

Durante la época de reproducción, los machos de gobios y blenios buscan un lugar idóneo para que las hembras depositen las puestas: en el Mar Menor hemos observado que lo hacen en pequeñas fisuras, debajo de rocas, en conchas vacías de moluscos bivalvos o incluso en sustratos artificiales, como ladrillos y latas de refresco desechados. Durante este período los machos se vuelven más agresivos y territoriales y solo permiten el paso a las hembras que decidan dejar su preciada carga en forma de huevos. El macho los fecunda inmediatamente, tras lo cual los custodia en todo momento hasta varios días después de la eclosión. Durante la incubación elimina cualquier partícula que se deposite en la puesta y agita regularmente sus aletas pectorales para mantener oxigenados los huevos. Incluso en especies como el blénido Salaria pavo se ha constatado que liberan sustancias antimicrobianas que protegen a los embriones.

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