CORTESÍA DE CHEN-HUI CHEN, UNIVERSIDAD DUKE

Si alguien opinara que los peces magenta que nadan raudos en las peceras de Kenneth Poss podrían ser aún más coloridos, debería verlos bajo la luz ultravioleta, cuando se transforman en arcoíris en miniatura. Este biólogo celular de la Universidad Duke y sus colaboradores modificaron genéticamente esta estirpe de peces cebra para que su piel emitiera fluorescencia en todos los colores. En realidad, cada célula cutánea emite una única tonalidad, lo que crea un «código de barras» que permite seguir cientos de células al mismo tiempo. De ese modo es posible observar en el acto cómo responde cada una de ellas a las lesiones y al proceso de curación de las heridas. Tal y como relataba este marzo en Developmental Cell, el equipo descubrió que tras una lesión como una abrasión o la amputación de una aleta, algunas células cutáneas del pez adquirían mayor tamaño para compensar la pérdida de las células vecinas. Otras abandonaban su emplazamiento original y se trasladaban a otro para llenar el hueco.

La técnica de coloreado también serviría para entender mejor de qué modo reaccionan las células cutáneas a los fármacos o cómo se comportan cuando devienen cancerosas, explica Poss. «Y esto es solo el comienzo», apostilla.

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