La fragmentación de los ríos

Un sinfín de barreras interrumpe el flujo de los ríos europeos y altera los ecosistemas fluviales. Una iniciativa científica internacional propone medidas para reconectarlos.

Una intrincada red de ríos (líneas de colores) dibuja el contorno de nuestro continente, aunque la mayoría de ellos sufre fuertes discontinuidades. [J. Jones/Proyecto AMBER]

En síntesis

A lo largo de la historia, la construcción de infraestructuras en los ríos para distintos aprovechamientos ha fragmentado los cursos fluviales y alterado sus ecosistemas.

La fragmentación es especialmente acusada en los ríos europeos, donde la densidad de distintos tipos de barreras transversales, en su mayoría de pequeño tamaño, es la mayor del mundo.

Para reconectar los ríos y aumentar su salud ecológica es preciso conocer el número, el tamaño y la ubicación de las barreras, así como el impacto que ejercen en cada caso. Y también debe considerarse el balance entre los beneficios y los costes que suponen desmantelarlas.

Los ríos albergan una de las biodiversidades más ricas de la Tierra. Pero también constituyen algunos de los ecosistemas más amenazados a causa de las actividades humanas, entre ellas la sobreexplotación de los recursos pesqueros, la contaminación de las aguas o la degradación del hábitat. Un factor principal de degradación es la construcción de barreras que impiden o limitan la libre circulación de los ríos.

A lo largo de los siglos, las presas, los azudes, las compuertas y las esclusas nos han permitido captar agua de los ríos, moler harina, operar ferrerías, generar electricidad, controlar las avenidas y transportar mercancías a través de las grandes vías fluviales. Los ríos han proporcionado servicios esenciales a la humanidad, y siguen haciéndolo, pero si algo caracteriza nuestro aprovechamiento de ellos es que, al usarlos, los hemos fragmentado.

La fragmentación pone en peligro los organismos que viven en el río o en las zonas contiguas a él, ya que modifica el flujo natural y los regímenes térmicos del agua, interrumpe la conectividad entre el río y llanura de inundación, reduce la productividad acuática y limita el acceso de los peces a los hábitats de desove y crianza.

De ahí que la reducción de la fragmentación sea un objetivo clave de numerosos programas de restauración fluvial. De hecho, la nueva Estrategia sobre Biodiversidad para 2030 de la Unión Europea insta a los Estados miembros a reconectar al menos 25.000 kilómetros de ríos y convertirlos en ríos de flujo libre sin barreras para 2030. Pero ¿qué significa exactamente esto, y qué soluciones existen para conseguirlo?

La recuperación de la continuidad fluvial en Europa representa un reto especialmente difícil de abordar porque en muchas regiones hay un conocimiento limitado de las barreras existentes, lo que supone un obstáculo para tomar decisiones bien informadas. Para llenar esa laguna de conocimiento y ofrecer posibles soluciones correctoras, en 2016 varios centros de investigación y otras entidades emprendimos el proyecto AMBER (siglas inglesas de «Gestión Adaptativa de las Barreras en los Ríos Europeos»). La iniciativa persigue crear un inventario de todas las barreras existentes en los ríos europeos y proponer medidas de gestión de dichas barreras con vistas a la restauración fluvial.

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