Conductores en el asiento trasero

Las bacterias que viven discretamente en nuestro cuerpo pueden haber influido en la forma en que la evolución ha tenido lugar.
PHOTO RESEARCHERS, INC.
El cuerpo humano alberga al menos diez veces más células bacterianas que células humanas. Conocida en su conjunto como microbioma, esta comunidad puede desempeñar un papel en la regulación de nuestro riesgo a padecer obesidad, asma y alergias. Ahora, algunos investigadores empiezan a plantearse la posibilidad de que este microbioma pueda tomar parte en un proceso todavía más esencial: la selección de pareja y, en último término, la evolución.
La mejor prueba de que el microbioma puede desempeñar este papel crítico procede del estudio de insectos. Un experimento de 2010 realizado por Eugene Rosenberg, de la Universidad de Tel Aviv, mostró que el criterio utilizado por las moscas del vinagre Drosophila pseudobscura para seleccionar pareja dependía de la dieta que se les suministraba: las moscas se apareaban solo con otras moscas que hubieran consumido lo mismo. Una dosis de antibióticos eliminó estas preferencias (las moscas volvieron a aparearse sin tener en cuenta la dieta), lo que sugería que el cambio estaba impulsado por alteraciones en los microorganismos del tubo digestivo producidas por la dieta, y no por la dieta en sí.
Para determinar si los microbios del tubo digestivo podían afectar a la longevidad de un individuo y a su capacidad de reproducirse, Seth Bordenstein, de la Universidad Vanderbilt, y sus colaboradores, inocularon el antibiótico rifampicina a los termes Zootermopsis angusticollis y Reticulitermes flavipes. El estudio, publicado en julio de 2011 en Applied and Environmental Microbiology, encontró que los termes tratados con el antibiótico mostraban una menor diversidad de bacterias intestinales después del tratamiento, y que producían menos huevos. Bordenstein argumenta que la reducción de determinados microorganismos beneficiosos, algunos de los cuales ayudan a la digestión y a la absorción de nutrientes, provoca desnutrición en los termes, lo que compromete su capacidad de producir huevos.
Esos estudios forman parte de una corriente creciente entre los biólogos evolutivos que sostiene que ya no es posible separar los genes de un organismo de los de sus bacterias simbiontes. Todos forman parte de un único «hologenoma».
«Ha habido una larga tradición de separar la microbiología de la botánica y la zoología, pero todos los animales y plantas tienen millones o miles de millones de microorganismos asociados a ellos --dice Rosenberg--. Hay que considerar el hologenoma al completo para comprender a un animal o una planta.» En otras palabras, las fuerzas de la selección natural ejercen presión sobre una planta o un animal y toda su dotación completa de microbios. En este sentido, Bordenstein demostró que cuanto más cercana es la distancia evolutiva entre determinadas especies de avispas, mayores son las similitudes en su microflora.
Los investigadores creen que el microbioma también es esencial para la evolución humana. «Dada la importancia del microbioma en adaptaciones humanas como la digestión, el olfato y el sistema inmunitario, parece muy probable que el microbioma humano haya tenido un efecto en la especiación --sostiene Bordenstein--. Probablemente la microbiota sea tan importante como los genes».

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