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1 de Enero de 2015
Espacio

Con los pies sobre nuestro pasado

La misión Rosetta revela los secretos del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko.

Uno de los sectores del mosaico obtenido por el aterrizador Philae desde su lugar de «acometizaje» ha revelado una estructura muy sólida dividida en diversas capas ricas en hielo. [ESA/Rosetta/Philae/CIVA]

La sonda interplanetaria Rosetta lleva desde agosto de 2014 orbitando alrededor del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko, destino que alcanzó tras un viaje interplanetario de diez años en el que también visitó los asteroides Steins y Lutetia. Los primeros resultados de la misión revisten ya una enorme trascendencia científica. A la espera de completarse, su éxito podría igualar o incluso superar al logrado en su día por la sonda Stardust, de la NASA, que en 2006 trajo a la Tierra partículas del cometa 81P/Wild 2. Aquellos fueron los primeros materiales procedentes de un astro distinto a la Luna que llegaron a nuestro planeta a bordo de una nave espacial.

Debido a su pequeño tamaño y a la pureza de sus componentes, los cometas constituyen un legado de valor incalculable de los primeros materiales que condensaron en el sistema solar. Pese a que Rosetta no traerá muestras, como en un principio se propuso, la misión ha demostrado ya una gran solidez y versatilidad científicas. El pasado 12 de noviembre, en un hito sin precedentes en la historia de la exploración espacial, el módulo aterrizador Philae se posaba por primera vez sobre la superficie de un cometa para estudiar in situ su composición.

Al tomar contacto, el aterrizador sufrió varios rebotes debido a un fallo en el funcionamiento de los arpones de agarre. Al final quedó varado en las proximidades de una pared abrupta que lo dejaba con apenas una hora de luz solar. Pero, aun en tales condiciones adversas, la robustez del ingenio le permitió completar sus experimentos durante las 60 horas que le dio de margen su batería principal.

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