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1 de Enero de 2015
Neurociencia

En el cerebro del meditador

Las nuevas técnicas de neuroimagen arrojan luz sobre los cambios cerebrales que producen las prácticas contemplativas.

Mientras el autor Matthieu Ricard medita, su actividad cerebral es registrada en un encefalograma. [JEFF MILLER, UNIVERSIDAD DE WISCONSIN-MADISON]

En síntesis

La meditación constituye una actividad antigua que, de alguna manera, forma parte de casi todas las religiones del mundo. Su práctica, derivada de varias ramas del budismo, se ha abierto camino en el mundo secular durante los últimos años como un modo de promover la calma y el bienestar general.

Tres formas de meditación comunes (atención focalizada, consciencia plena y compasión) se practican ahora en todas partes, desde hospitales hasta colegios; cada vez más, se han ido sometiendo al escrutinio científico en laboratorios de todo el mundo.

La meditación produce cambios fisiológicos en el cerebro, como en el volumen tisular de determinadas áreas. Quienes la practican también experimentan efectos psicológicos beneficiosos: reaccionan más rápido a los estímulos y son menos propensos a sufrir ciertas formas de estrés.

Cuando la Sociedad de Neurociencia invitó a Tenzin Gyatso, el decimocuarto dalái lama (líder del budismo tibetano), para que pronunciara un discurso en la reunión anual de 2005 en Washington D.C., unos cientos de los cerca de 35.000 miembros que iban a asistir al encuentro pidieron que se le anulara la invitación. Pensaban que un dirigente religioso no tenía lugar en una reunión científica. Sin embargo, el líder supo plantear a la concurrencia una pregunta provocativa y, en última instancia, productiva: «¿Qué relación podría haber entre el budismo, una antigua tradición filosófica y espiritual india, y la ciencia moderna?».

El dalái lama, siguiendo el lema «hechos, no palabras», ya había tratado de responder a esa pregunta. En los años ochenta inició un debate sobre ciencia y budismo que llevó a la creación del Instituto de Mente y Vida, dedicado al estudio de la ciencia contemplativa. En 2000, dio un nuevo enfoque a su empeño. Puso en marcha la subdisciplina de «neurociencia contemplativa» al proponer a los científicos que estudiaran la actividad cerebral de meditadores budistas expertos (con más de 10.000 horas de práctica).

Durante casi quince años, más de cien practicantes del budismo monacales y laicos, así como numerosos principiantes, han participado en los experimentos científicos de la Universidad de Wisconsin-Madison y al menos otras 19 universidades más. El presente artículo, de hecho, es el producto de una colaboración entre dos neurocientíficos y un monje budista que inicialmente se formó como biólogo celular.

La comparación de las imágenes cerebrales de meditadores expertos con las de neófitos y no meditadores ha permitido empezar a vislumbrar por qué este conjunto de técnicas de entrenamiento mental puede proporcionar beneficios cognitivos y emocionales. Los objetivos de la meditación, de hecho, se solapan con muchos de los de la psicología clínica, la psiquiatría, la medicina preventiva y la educación. Según indican cada vez más datos, la meditación puede ser un tratamiento eficaz para la depresión y el dolor crónico y, además, ayuda a cultivar una sensación de bienestar general.

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