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Psicobiología de los hábitos

Al descifrar los mecanismos neurales que subyacen a nuestros rituales diarios, los investigadores comienzan a comprender el modo en que adquirimos los hábitos y por qué nos cuesta tanto desterrarlos.

MAREK HAIDUK

En síntesis

Al repetir una conducta, esta se acaba fijando en circuitos específicos de hábitos que involucran al estriado del cerebro. Tales circuitos tratan la rutina como una unidad de actividad automática.

Sin embargo, la neocorteza se encarga de supervisar el hábito. Si mediante señales de luz se modifica esta parte del cerebro en ratas de laboratorio, se puede interrumpir un hábito o interferir en su formación.

Conocer mejor el funcionamiento de estas estructuras cerebrales podría contribuir al desarrollo de nuevos fármacos, terapias de conducta o simples trucos que nos ayuden a controlar nuestros hábitos.

Cada día todos llevamos a cabo un sorprendente número de rutinas. Muchas de ellas, como cepillarnos los dientes o conducir por una ruta habitual, nos permiten realizar ciertas tareas de forma automática. Evitamos así la sobrecarga del cerebro que se produciría si nos concentráramos en cada pasada del cepillo o en los incontables pequeños movimientos del volante para ajustar el rumbo. Otras costumbres, como salir a correr, contribuyen a mantenernos sanos. En cambio, comer con regularidad golosinas seguramente no nos ayudará. Y los hábitos que entran en el territorio de la compulsión o la adicción, como la sobreingesta o fumar, pueden poner en riesgo nuestra existencia.

A pesar de que los hábitos constituyen una parte importante de nuestra vida, averiguar cómo el cerebro convierte una nueva conducta en rutina ha entrañado una enorme dificultad. Sin este conocimiento, los especialistas lo han tenido complicado a la hora de ayudar a las personas a abandonar sus malos hábitos, ya sea mediante tratamiento farmacológico o de otro tipo.

Las nuevas técnicas están permitiendo descifrar por fin los mecanismos neurales que se hallan en la base de nuestros rituales. Se han identificado así los llamados circuitos de hábitos, esto es, las regiones cerebrales y las conexiones responsables de crear y mantener las rutinas. El conocimiento aportado por esta línea de investigación está ayudando a comprender cómo construye el cerebro buenos hábitos y por qué nos cuesta abandonar no solo los de menor importancia, sino también los que el médico o las personas queridas nos piden que interrumpamos. Los estudios sugieren que si condicionamos de forma deliberada nuestro cerebro, podríamos llegar a controlar los hábitos, tanto los positivos como los negativos. Podemos albergar esta esperanza gracias a un hallazgo sorprendente: incluso cuando parece que actuamos de forma automática, una parte del cerebro está supervisando nuestra conducta.

¿Qué es un hábito?
Los hábitos parecen un tipo peculiar de acción, pero desde un punto de vista neurológico pertenecen al amplio espectro de la conducta humana.

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