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  • Investigación y Ciencia
  • Enero 2007Nº 364

Psiquiatría

Espejos rotos: una teoría del autismo

Los estudios del sistema neuronal especular podrían ayudar a determinar las causas del autismo. Con ello facilitarían el desarrollo de nuevas vías de su diagnosis y tratamiento.

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A primera vista quizá no notemos nada anormal en un chico que padece autismo. Pero si intentamos hablar con él, pronto percibiremos que algo importante falla. Puede que no nos mire a los ojos, sino que desvíe la mirada y se agite, meciéndose de un lado a otro o dando cabezazos contra la pared. O más extraño todavía: se muestra incapaz de sostener nada remotamente parecido a una conversación normal. Aunque pueda sentir miedo, ira o placer, tal vez carezca de empatía genuina hacia otras personas. Le dejan impávido sutiles signos sociales que la mayoría de los niños captan sin dificultad.

En los años cuarenta del siglo pasado, Leo Kanner en EE.UU. y Hans Asperger en Austria descubrieron por separado este trastorno del desarrollo. (En Estados Unidos afecta al 0,5 por ciento de los niños.) Cada uno de esos médicos desconocía por completo los trabajos del otro, pero por asombrosa coincidencia dieron el mismo nombre al síndrome: autismo, derivado de la raíz griega auto ("propio"). El nombre resulta muy adecuado, porque lo que más destaca es el retraimiento de la interacción social. Ultimamente, los médicos han adoptado la expresión "trastorno en la gama del autismo", para aclarar que la enfermedad se manifiesta en múltiples variantes afines que cubren una escala de gravedad muy amplia, aunque comparten algunos síntomas característicos.

Desde que se identificara el autismo, se han prodigado esfuerzos por determinar su causa. Se sabe que la susceptibilidad al autismo es hereditaria, sin que se descarte la participación de factores de riesgo ambientales [véase "Autismo precoz" por Patricia M. Rodier; INVESTIGACIÓN Y CIENCIA, abril de 2000]. A finales del decenio de los noventa, nuestro laboratorio de la Universidad de California en San Diego comenzó a investigar la posible conexión entre autismo y neuronas espejo, una clase recién descubierta de células nerviosas del cerebro.

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