Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarle el uso de la web mediante el análisis de sus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúa navegando, consideramos que acepta nuestra Política de cookies .

Actualidad científica

  • 18/10/2018 - Sordera

    ¿Restaurar la pérdida de audición?

    Experimentos realizados en ratones identifican una proteína cuya estimulación promovería la regeneración de las células sensoriales dañadas por el exceso de ruido o la edad.

  • 17/10/2018 - astronomía

    Pero ¿cómo se forman realmente los planetas?

    Como un coche que pesa el doble que el acero con que lo hicieron, los exoplanetas tienen una masa mucho mayor que el material del que surgen. Este nuevo hallazgo pone en entredicho las teorías de la formación planetaria.

  • 17/10/2018 - Comportamiento

    Por qué vivir en pareja engorda

    Los hábitos comunes que se adquieren durante la convivencia son los responsables del aumento de peso.

  • 16/10/2018 - astronomía

    Grandes penitentes de Europa

    Recuerdan a los nazarenos de una procesión, con sus ropas blancas y sus capirotes. Son unas agudas cuchillas de hielo que se juntan a cientos en neveros o campos de hielo. Y no las hay solo en la Tierra.

  • 16/10/2018 - Nutrición

    Aquello que comemos puede afectar a nuestros bisnietos

    En ratones, la sobrealimentación de los progenitores promovería la aparición de conductas de drogadicción e induciría cambios metabólicos característicos de la obesidad en sus descendientes. Los efectos se observarían a lo largo de tres generaciones.

Síguenos
  • Google+
  • RSS
  • Investigación y Ciencia
  • Enero 2007Nº 364

Psiquiatría

Espejos rotos: una teoría del autismo

Los estudios del sistema neuronal especular podrían ayudar a determinar las causas del autismo. Con ello facilitarían el desarrollo de nuevas vías de su diagnosis y tratamiento.

Menear

A primera vista quizá no notemos nada anormal en un chico que padece autismo. Pero si intentamos hablar con él, pronto percibiremos que algo importante falla. Puede que no nos mire a los ojos, sino que desvíe la mirada y se agite, meciéndose de un lado a otro o dando cabezazos contra la pared. O más extraño todavía: se muestra incapaz de sostener nada remotamente parecido a una conversación normal. Aunque pueda sentir miedo, ira o placer, tal vez carezca de empatía genuina hacia otras personas. Le dejan impávido sutiles signos sociales que la mayoría de los niños captan sin dificultad.

En los años cuarenta del siglo pasado, Leo Kanner en EE.UU. y Hans Asperger en Austria descubrieron por separado este trastorno del desarrollo. (En Estados Unidos afecta al 0,5 por ciento de los niños.) Cada uno de esos médicos desconocía por completo los trabajos del otro, pero por asombrosa coincidencia dieron el mismo nombre al síndrome: autismo, derivado de la raíz griega auto ("propio"). El nombre resulta muy adecuado, porque lo que más destaca es el retraimiento de la interacción social. Ultimamente, los médicos han adoptado la expresión "trastorno en la gama del autismo", para aclarar que la enfermedad se manifiesta en múltiples variantes afines que cubren una escala de gravedad muy amplia, aunque comparten algunos síntomas característicos.

Desde que se identificara el autismo, se han prodigado esfuerzos por determinar su causa. Se sabe que la susceptibilidad al autismo es hereditaria, sin que se descarte la participación de factores de riesgo ambientales [véase "Autismo precoz" por Patricia M. Rodier; INVESTIGACIÓN Y CIENCIA, abril de 2000]. A finales del decenio de los noventa, nuestro laboratorio de la Universidad de California en San Diego comenzó a investigar la posible conexión entre autismo y neuronas espejo, una clase recién descubierta de células nerviosas del cerebro.

Puede conseguir el artículo en:

Artículos relacionados