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1 de Diciembre de 2013
Energía

El nuevo imperio nuclear ruso

La activa política de la Federación Rusa para vender sus reactores en todo el mundo despierta inquietudes en Occidente.

STRIHAVKA JAKUB, AP PHOTO

En síntesis

Rusia se está preparando para vender reactores nucleares no tradicionales a numerosos países en vías de desarrollo carentes de experiencia en energía nuclear.

Los nuevos modelos comprenden reactores generadores de plutonio, minicentrales flotantes y reactores de agua a presión dotados de sistemas de seguridad pasiva.

Algunos expertos occidentales han mostrado su preocupación por la seguridad de algunos de los modelos rusos y ante la posibilidad de que sean empleados con fines militares.

Para cualquier país interesado en adquirir su primer reactor nuclear, la feria internacional ATOMEXPO, en Rusia, ofrece una solución a primera vista sencilla. Hace poco el evento congregó a miles de visitantes de todo el mundo en una gigantesca sala de exposiciones de la época zarista, donde los asistentes pudieron escuchar a firmas como Rolls-Royce hablar de sus generadores de vapor, ver a periodistas de la televisión rusa entrevistar a expertos, o conseguir el calendario Miss Átomo con fotografías de las trabajadoras más bellas de la industria nuclear rusa.

Lo más interesante, sin embargo, transcurría en el pabellón de Rosatom, la compañía nuclear nacional rusa. Era allí donde los «recién llegados», tal y como se denominaba a los visitantes procedentes de naciones carentes de centrales nucleares, se informaban sobre las diferentes opciones y firmaban acuerdos de cooperación para que Rosatom construyese e incluso explotase reactores en sus respectivos países. En cierto momento, los fotógrafos retrataron a un grupo de funcionarios nigerianos mientras brindaban con champán con Serguéi Kirienko, director general de Rosatom: celebraban los primeros pasos hacia el ingreso de Nigeria en la creciente lista de clientes de Rusia, a la que ya pertenecen naciones como Turquía y Vietnam. Rosatom ya ha construido reactores en China e India. El pasado julio, en Finlandia, un comité de expertos también recomendó la opción rusa para la construcción de la próxima central.

Aquel acontecimiento formaba parte de un proyecto que, con una dotación de 40.000 millones de euros y con el apoyo del Kremlin, pretende convertir a Rusia en un proveedor líder de energía nuclear. El país, que en estos momentos tiene previsto construir unos 40 nuevos reactores dentro de sus fronteras, espera hasta 80 solicitudes del extranjero para 2030; entre ellas, varias instalaciones mixtas de generación de energía y agua desalinizada, de interés especial en Oriente Medio. Esa expansión tiene lugar al mismo tiempo que Alemania abandona la energía nuclear, la industria estadounidense pasa por un bache y Japón se encuentra en pleno examen de conciencia tras el accidente de Fukushima. Vladimir Putin ha calificado todo ese despliegue como «un renacer» de la tecnología nuclear rusa.

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