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CORTESÍA DE J. ADAM FENSTER, UNIVERSIDAD DE ROCHESTER

Un minúsculo diamante de 100 nanómetros de diámetro brilla con fuerza bajo la luz de un láser verde. «El nanodiamante no se halla sujeto por pinzas ni por los dedos de nadie», explica Nick Vamivakas, óptico de la Universidad de Rochester. Para mantenerlo suspendido, Vamivakas y sus colaboradores emplearon un segundo láser de radiación infrarroja. Ello generó un campo electromagnético capaz de sostener la pequeña joya.

En el interior del cristal, diseñado ex profeso para el experimento, hay cientos de centros nitrógeno-vacante (NV): con ese nombre se designa a los huecos en la red cristalina de carbono que se encuentran adyacentes a un átomo de nitrógeno. Según refirieron los investigadores el pasado mes de agosto en Optics Letters, el láser verde excita los centros NV, los cuales emiten fotones de color rojizo por fotoluminiscencia. Su brillo resulta demasiado leve para ser apreciado por el ojo humano, pero el experimento demostró la posibilidad de manipular los estados cuánticos del interior del cristal flotante mediante láseres. Vamivakas explica que tal vez sea posible explotar las peculiaridades de la mecánica cuántica para atrapar un nanodiamante en dos lugares al mismo tiempo.

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