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1 de Febrero de 2012
Paleoneurología

La evolución cerebral de los homínidos

Las técnicas digitales, que permiten reconstruir el molde de la cavidad craneal de especies fósiles, arrojan nueva luz sobre la evolución anatómica de nuestro cerebro y su relación con los cambios cognitivos.

CORTESÍA DE E. BRUNER Y J. M. DE LA CUÉTARA (CENIEH)

En síntesis

La paleoneurología humana estudia la evolución del sistema cerebral de los homínidos. Los moldes endocraneales de las especies fósiles permiten deducir varios aspectos anatómicos del cerebro, como sus lóbulos, circunvoluciones o irrigación vascular.

Durante los últimos años, las técnicas digitales han revolucionado el proceso de obtención de moldes. Al mismo tiempo, el tratamiento estadístico de los datos ha mejorado de manera notable los modelos evolutivos del sistema cerebral.

La integración de estos avances con otras disciplinas, como la arqueología o la neurociencia, ha permitido formular hipótesis novedosas sobre la relación entre la evolución anatómica del cerebro y los cambios cognitivos en el género Homo.

El cerebro constituye el elemento anatómico más peculiar de nuestra especie. Sin embargo, es quizá también el menos conocido. A pesar de los todos los progresos que hemos logrado durante el último siglo, su complejidad sigue escapando al análisis e interpretación de numerosas disciplinas. Conocer los procesos que han moldeado nuestro cerebro a lo largo de la evolución reviste una gran utilidad a la hora de formular hipótesis sobre su funcionamiento y su organización, así como sobre sus posibilidades y sus límites. En este programa de investigación, el único recurso del que disponemos proviene del estudio de la morfología cerebral de las especies extintas.

Aunque los primeros fósiles humanos fueron hallados a mediados del siglo XIX (Homo neanderthalensis, en Europa, seguidos por los primeros restos de Homo erectus, en Asia), la paleoantropología no se desarrollaría como ciencia reconocida hasta los años treinta del siglo XX. En 1924, el neuroanatomista Raymond Dart encontró en África el primer cráneo de Australopithecus africanus, un individuo infantil conocido como Niño de Taung. En el hallazgo de aquel australopiteco concurrieron dos características muy peculiares: no solo fue descubierto por un especialista en anatomía cerebral, sino que, por una rarísima situación de fosilización, el sedimento geológico había penetrado en el cráneo y se había compactado. Los huesos de la bóveda craneal habían desaparecido y lo que quedaba era un molde fósil de su cerebro. Por esta sugestiva coincidencia, podemos afirmar que la paleoneurología humana (el estudio de las estructuras cerebrales de los homínidos fósiles) nació a la vez que la paleoantropología misma.

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