Florence Nightingale

Fundadora de la enfermería moderna, salvó la vida a miles de soldados durante la guerra de Crimea. Fue también pionera en el empleo de estadísticas sociales y en su representación gráfica.

En Florence Nightingale reconocemos una adelantada de la enfermería y reformadora de hospitales. Ella entendió su propia misión en términos más amplios: servir a la humanidad a través de la prevención de la enfermedad y la muerte innecesarias. Durante la mayor parte de su larga vida (1820-1910) se dedicó a dicha tarea con una firme determinación que prestó singular coherencia a todo lo que hizo. Indudablemente, sus mayores aportaciones estriban en sus esfuerzos por reformar el sistema de asistencia sanitaria del ejército británico, así como en el reconocimiento de la enfermería como una profesión respetable, conseguido mediante la institución de programas de formación y la definición de sólidos objetivos profesionales. Mucho de lo que hoy nos parece elemental dentro de la moderna asistencia sanitaria se originó a partir de las grandes batallas libradas por Nightingale en el siglo XIX. Mucho menos conocido, por ser un aspecto que han desdeñado sus biógrafos, es el empleo, igualmente pionero, de las novedosas técnicas de análisis estadístico en tales combates.

Nightingale aprendió por propia experiencia, como enfermera jefe durante la guerra de Crimea (1854-56), que podía lograrse un espectacular descenso de la tasa de mortalidad y salvar miles de vidas con sólo mejorar las condiciones higiénicas de los acuartelamientos y los hospitales militares. Su guerra particular consistió en convencer de ello a los mandos escépticos. En momentos en los que la recogida y análisis de estadísticas sociales no era tarea habitual, Nightingale supo advertir que la presentación de datos fiables sobre la incidencia de muertes evitables entre soldados constituía un poderoso argumento a favor de la reforma. De este modo, además de propulsar la causa de la reforma médica, ayudó a cristalizar la revolucionaria noción de que los fenómenos sociales podíran someterse a medición y análisis matemático.

Los éxitos de Nightingale cobran mayor realce cuando se los valora dentro del ambiente de restricción social en que se desenvolvía la mujer en la Inglaterra victoriana. Su padre, William Edward Nightingale, fue un riquísimo terrateniente, cuya familia formaba parte de los círculos más selectos de la sociedad inglesa. En aquellos días, las mujeres de su clase ni acudían a la universidad ni ejercían carrera alguna; sus objetivos en la vida eran casarse y criar hijos. Nightingale tuvo suerte, pues su padre creía que las mujeres debían recibir una educación y él en persona le enseñó italiano, latín, griego, filosofía, historia e, incluso, escritura y matemáticas, lo que resultaba del todo extraño para las mujeres de su época. Cuando, recién cumplidos los veinte años, Nightingale hizo patente su interés por la enfermería, su padre se lo tomó tan en serio como para consultar a médicos sobre la conveniencia de la misma.

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