Depósitos criogénicos de hormigón pretensado

Las propiedades excepcionales del hormigón pretensado a temperaturas criogénicas lo hacen muy adecuado en la construcción de depósitos para almacenar gas natural y otros gases peligrosos por su inflamabilidad o toxicidad.

Durante la segunda semana de noviembre de 1980, la nave espacial Voyager 1 se acercó a unas rocas que flotan en el espacio, llamadas Mimas, Tetis, Dione y Rea y descubrió que eran unas enormes masas heladas. Nueve meses después, la nave Voyager 2 se aproximaba a Encélado, Iapetus e Hyperión. Todos estos mundos helados, con temperaturas inferiores a 170 grados bajo cero, son satélites de Saturno. Un año antes, las naves espaciales habían pasado cerca de Europa y Ganímedes, satélites de Júpiter, gigantes helados del tamaño de la Luna y de Mercurio, respectivamente. La temperatura en su superficie es tan baja, que gases como el amoníaco, el butano o el metano pueden estar en forma sólida. Aunque se sospechaban las bajas temperaturas de estos satélites, las naves Voyager fueron las que, por primera vez, transformaron las imágenes puntuales de estos cuerpos en nuevos mundos y gracias a sus sensores confirmaron que su corteza estaba formada por rocas heladas [véase «Los satélites galileanos de Júpiter», por Laurence A. Soderblom, Investigación y Ciencia, marzo de 1980, y «Los satélites de Saturno», por Laurence A. Soderblom y Torrence V. Johnson, Investigación y Ciencia, marzo de 1982]. No solamente en mundos remotos es posible encontrar rocas heladas. En nuestro planeta Tierra la técnica produce una roca artificial —el hormigón— y la utiliza a temperaturas tan bajas que también el amoníaco, el butano o el metano podrían solidificarse.

¿Por qué y para qué se utiliza el hormigón helado? Son las primeras preguntas que surgen al presentar este exótico material. Veremos que hay razones de tipo económico y, en algunos casos, de seguridad, que aconsejan la utilización de estas rocas heladas para el almacenamiento de gases licuados. El desarrollo tecnológico propicia la utilización, cada vez mayor, de productos muy fríos y peligrosos por su inflamabilidad o toxicidad. Las soluciones tradicionales para almacenar estos productos son depósitos construidos con aleaciones metálicas suficientemente dúctiles y tenaces a bajas temperaturas. Por ejemplo, para almacenar metano líquido a presión atmosférica es preciso enfriar hasta 163 grados bajo cero. A medida que aumenta el tamaño de estos depósitos —más de 100.000 metros cúbicos— sube el costo y la fragilidad de la estructura, al aumentar el espesor de las paredes. En estas circunstancias el hormigón pretensado compite ventajosamente con los metales en costo, durabilidad y seguridad. El comportamiento de los depósitos de hormigón pretensado y helado ha sido tan satisfactorio, que ya se entrevén nuevas aplicaciones, desde la construcción de barcos metaneros hasta edificios para albergar imanes superconductores.

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