Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

Medicamentos fotoactivados

Un paciente ingiere una sustancia inerte. La retiramos del organismo en una pequeña cantidad de sangre y la activamos exponiéndola a la luz. ¿Resultado? Un eficaz tratamiento para un cáncer obstinado.

Una de las metas más ansiadas en medicina es el desarrollo de agentes terapéuticos dotados de gran especificidad: agentes que sólo ataquen el tejido elegido. Muchos antibióticos se aproximan a ese ideal. Debido a las diferencias que presentan las células bacterianas y las humanas, los antibióticos destruyen el invasor sin dañar los tejidos humanos. Sin embargo, en el caso del cáncer y de las alteraciones autoinmunitarias (en las que el sistema inmunitario ataca tejidos normales), resulta difícil lograr tal discriminación. En ambos tipos de alteraciones, la causa de la lesión hística no es una bacteria ni un virus, sino el incorrecto funcionamiento de las células del propio organismo. Está claro que la distinción entre células enfermas y sanas no es tarea fácil y, por ello, pocas terapias combaten con eficacia las enfermedades autoinmunitarias; las que existen contra el cáncer a menudo conllevan efectos colaterales que las desaconsejan.

Ha comenzado a rendir beneficios significativos la terapia que emplea medicamentos fotoactivados, es decir, fármacos que se activan por la luz. Esas sustancias son inertes mientras no se expongan a una radiación de longitud de onda adecuada; el clínico puede atacar así sólo los tejidos expuestos, simultáneamente, a la droga y a la luz. En particular, para tratar el linfoma cutáneo de células T (CTCL), el autor y sus colegas han utilizado 8-MOP, sustancia que ya conocían los antiguos egipcios. El CTCL es un cáncer de los glóbulos blancos de mal pronóstico. Administrando 8-MOP a los pacientes y sometiendo luego sus glóbulos blancos a radiación de la longitud de onda adecuada, hemos logrado resultados sorprendentes. El procedimiento, que ha sido ya aprobado por la administración estadounidense para tratar el CTCL, puede constituir la avanzadilla de una amplia gama de terapias basadas en medicamentos fotoactivados.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.