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1 de Septiembre de 2010
Etología

A plena luz

Durante el día, las islas Salvajes, donde no habitan depredadores terrestres de tamaño suficiente que amenacen a las pardelas cenicientas, se convierten en un campo de batalla entre dichas aves.

© CARLES CARBONERAS

Una estrategia frecuente para reducir los encuentros con depredadores consiste en evitar las horas en que éstos están más activos. Así se comportan las pardelas cenicientas (Calonectris diomedea) y otras aves marinas en sus colonias de cría de todo el mundo: buscan protección en la oscuridad y acceden a tierra exclusivamente en horas nocturnas. Durante el día, las aves, torpes y lentas, son muy vulnerables en los espacios terrestres abiertos.

Como excepción a la norma, existe un único lugar en el mundo donde las pardelas cenicientas presentan hábitos diurnos. Se trata de las islas Salvajes (30 oN, 16 ºO), un archipiélago remoto en el Atlántico portugués donde no habitan depredadores terrestres de tamaño suficiente que amenacen a las aves. Las condiciones aparentemente ideales de las islas llevarían a pensar que las pardelas cenicientas gozan de una vida plácida en esa colonia, la mayor del mundo de la especie. Sin embargo, vista de cerca, la realidad es muy distinta. Porque en unas condiciones supuestamente óptimas se hacen visibles los efectos de la densodependencia, una de las fuerzas determinantes en ecología. Y así, en el mes de abril, la isla se convierte en un campo de batalla donde los machos —a veces con la ayuda de sus parejas— se enfrentan entre sí en crueles peleas, con el resultado de heridas graves en los ojos o alrededor del pico. Sorprende que ese comportamiento agresivo no se observe donde las pardelas muestran hábitos únicamente nocturnos. Se ha descrito sólo en ese archipiélago. Las disputas más violentas coincidirían con las zonas de máxima densidad y las horas de visibilidad diurna. Competencia por los recursos, por un lugar en la colonia, por la oportunidad de reproducirse en las mejores condiciones. Combates a plena luz.

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