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1 de Septiembre de 2010
Medicina

Fármacos basados en ADN

Tras años de intentos fallidos, una nueva generación de vacunas y medicamentos contra el VIH, la gripe y otras enfermedades persistentes son ahora objeto de ensayos clínicos.
STUART BRADSHAW
En un reñido debate sostenido hace 10 años, científicos del Instituto Nacional de la Salud de los EE.UU. analizaron dos nuevos y prometedores tipos de vacuna para determinar su eficacia frente a uno de los virus más mortíferos del planeta, el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), causante del sida. Una de las vacunas estaba compuesta por plásmidos, anillos de ADN portadores de un gen de alguna de las cinco proteínas del VIH. Su objetivo era desencadenar en las células del receptor la síntesis de proteínas víricas, con la esperanza de que éstas a su vez provocasen la reacción del sistema inmunitario. El segundo tipo de vacuna empleaba otro virus, el adenovirus, como portador de un único gen del VIH que codificaba una proteína vírica. El fundamento de esa estrategia consistía en utilizar un virus "seguro" para captar la atención de las células inmunitarias a la vez que se intentaba dirigir su respuesta contra la proteína del VIH.
Uno de los autores (Weiner) llevaba trabajando en vacunas de ADN desde hacía ocho años. Esperaba demostrar la importante capacidad de los plásmidos para inducir inmunidad contra los temidos patógenos. Pero los resultados de los ensayos provocaron una gran decepción entre quienes creían en esa primera generación de vacunas de ADN. Los receptores de la vacuna de ADN no respondieron o exhibieron una respuesta inmunitaria débil contra las cinco proteínas del VIH, mientras que los receptores de la vacuna de adenovirus manifestaron una reacción intensa. Quedó claro el mayor potencial terapéutico de los adenovirus para el posterior desarrollo de vacunas contra el VIH.

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