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  • Investigación y Ciencia
  • Marzo 2015Nº 462

Astrobiología

Más acogedores que la Tierra

Algunos mundos muy distintos del nuestro tal vez resulten mucho más aptos para albergar vida.

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¿Vivimos en el mejor de los mundos posibles? Así pensaba Leibniz, quien en 1710 escribió que, a pesar de todos sus inconvenientes, nuestro planeta debía ser el más sobresaliente de cuantos cupiese imaginar. En su tiempo la idea fue despreciada y considerada una mera ilusión acientífica, muy especialmente por parte de Voltaire, que satirizó el optimismo del ilustrado alemán en su obra maestra, Cándido. Hoy, sin embargo, Leibniz podría haberse granjeado la simpatía de, al menos, un colectivo de científicos: el de aquellos astrónomos que, durante décadas, han visto en la Tierra el modelo ideal a la hora de buscar vida más allá del sistema solar.

Dado que los terrícolas solo conocemos un mundo habitable —el nuestro—, tiene sentido que tomemos la Tierra como referencia al considerar la posible existencia de vida en otros planetas. Así ha ocurrido en el pasado, cuando los expertos se han lanzado a explorar las regiones de Marte más similares a la Tierra o el acuoso mundo de Europa, la luna de Júpiter. Desde hace un tiempo, sin embargo, el hallazgo de algunos exoplanetas potencialmente habitables ha comenzado a desafiar esa visión tan geocéntrica.

En las últimas dos décadas se han descubierto más de 1800 exoplanetas [véase «Superabundancia de planetas», por John Matson; Investigación y Ciencia, febrero de 2013]. Y la estadística sugiere que nuestra galaxia debería albergar, al menos, unos 100.000 millones. No obstante, pocos de los detectados hasta ahora se parecen al nuestro. Los exoplanetas conocidos presentan una enorme variedad de órbitas, tamaños y composiciones, y se sitúan cerca de estrellas de todo tipo; entre ellas, algunas menores y más tenues que el Sol. A la vista de ese amplio abanico de características, varios investigadores hemos empezado a sospechar que tal vez la Tierra no ocupe el primer puesto en lo que se refiere a la habitabilidad. Algunos exoplanetas muy diferentes del nuestro podrían resultar mucho más adecuados para formar y mantener una biosfera estable. De ser el caso, estos «mundos superhabitables» constituirían un objetivo óptimo para las futuras búsquedas de vida fuera de nuestro sistema planetario.

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