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  • Marzo 2015Nº 462
Apuntes

Astrobiología

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Órbitas planetarias y vida inteligente

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Si hay vida compleja fuera de la Tierra, es probable que resida en sistemas estelares con un gran número de planetas. Según un estudio reciente, cuantos más planetas orbitan alrededor de una estrella, más circulares tienden a ser sus órbitas. Y dado que ello implica que su distancia al astro permanece casi constante, su clima sería lo bastante estable para soportar formas de vida avanzadas.

El sistema solar se ajusta a esa pauta. Tiene ocho planetas (o nueve, si incluimos a Plutón) y casi todos ellos describen órbitas bastante circulares. La excentricidad de la órbita terrestre, por ejemplo, se queda en un ínfimo 1,7 por ciento. (En porcentaje, la excentricidad de una órbita vale 0 para una circunferencia perfecta y se aproxima a 100 para una elipse extrema.) Las órbitas de Mercurio y Plutón presentan excentricidades del 21 y el 25 por ciento, respectivamente. Pero incluso Plutón —que técnicamente es un planeta enano— parece moderado si lo comparamos con otros exoplanetas, algunos de los cuales tienen excentricidades que superan el 60, el 70 o incluso el 80 por ciento.

Según explican Mary Anne Limbach y Edwin Turner, astrónomos de la Universidad de Princeton y autores del estudio, esos mundos extremos solo se han observado en sistemas con uno o dos planetas. Sin embargo, en aquellos con cuatro planetas o más, estos trazan órbitas mucho más circulares. Este resultado, basado en una estadística de 403 planetas pertenecientes a cientos de sistemas estelares distintos y cuyas excentricidades se habían medido ya antes, apareció publicado el pasado mes de enero en Proceedings of the National Academy of Sciences USA.

Jack Lissauer, planetólogo del Centro de Investigación Ames de la NASA, apunta que la correlación recién descubierta tiene sentido, ya que los planetas que describen órbitas circulares no interfieren demasiado unos con otros. Un planeta con una órbita oblonga, en cambio, puede sembrar fácilmente el caos entre sus vecinos y acabar expulsándolos del entorno.

Tales mundos no se antojan buenas moradas. Al acercarse a su estrella, se abrasan; al alejarse, se hielan. Así pues, parece más fácil que la vida inteligente prospere en un planeta con una órbita circular. De ser el caso, el estudio de Limbach y Turner ha revelado que, al igual que nosotros, esos extraterrestres probablemente verían otros muchos mundos orbitando alrededor de su estrella. Y quizá hasta se tirasen los trastos a la cabeza para decidir cuáles son verdaderos planetas y cuáles no.

 

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