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  • Investigación y Ciencia
  • Abril 2019Nº 511
Apuntes

Paleontología forense

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Atrapar al asesino

Una nueva técnica identifica los depredadores entre la fauna prehistórica.

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Hoy en día la policía recurre al análisis del ADN para atrapar al asesino. Pero ¿y si lo que sucedió en el escenario del crimen ha permanecido expuesto a los elementos durante miles de años? El ADN no siempre resiste el paso del tiempo, por lo que cuando un paleontólogo intenta averiguar qué tipo de carnívoro mató a un animal fosilizado, a menudo acaba dando carpetazo al caso.

Ahora, un nuevo método ayudará previsiblemente a conocer la identidad de esos carnívoros prehistóricos. Se basa en el hecho de que cuando un depredador devora una presa (por ejemplo, cuando una lechuza caza un roedor en plena noche) sus jugos gástricos dejan marcas microscópicas en la superficie de los huesos ingeridos.

Esas marcas presentan patrones que son exclusivos del tipo de cazador, lo que las convierte en una suerte de huellas dactilares que podrían ayudar a resolver un caso, explica Rebecca Terry, paleontóloga en la Universidad Estatal de Oregón y jefa del equipo que ha estudiado las marcas. Añade que la técnica contribuirá a obtener una imagen de los tipos de depredadores que vagaban por los ecosistemas prehistóricos, sobre todo en zonas donde los fósiles escasean. «Es muy potente», asegura.

Ella y su equipo usaron un microscopio electrónico de barrido para examinar los restos óseos que las aves rapaces modernas regurgitan en egagrópilas después de comer. También analizaron las heces de mamíferos carnívoros. «El hueso que ha sido devorado por una rapaz nocturna es claramente diferenciable del que lo ha sido por un ave de presa diurna» o un mamífero, según Terry. Las marcas que quedan impresas en los huesos al paso por el estómago de un búho o una lechuza tienden a ser relativamente cortas y concentradas; las dejadas por el de un gavilán o un milano, por ejemplo, o por el de un mamífero, suelen ser más largas y quedan más separadas, según el estudio, que vio la luz el pasado noviembre en PALAIOS. Además, las marcas propias de las rapaces nocturnas y los mamíferos actuales, añade Terry, resultan «indiferenciables» de las halladas en huesos fósiles devorados por depredadores similares en el pasado remoto.

Este descubrimiento ayudará a responder una de las preguntas más básicas que un paleontólogo se hace cuando sospecha que el fósil que tiene ante sí pertenece a una presa devorada: «¿Quién lo hizo?». Joshua Miller, paleobiólogo de la Universidad de Cincinnati que no ha participado en la reciente investigación, afirma: «Uno examinará un hueso y tendrá cierta noción de por qué estaba donde se encontró. Y eso es sensacional».

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