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  • Abril 2019Nº 511
Apuntes

Cognición

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Cómo convertir un fracaso en un éxito

Varias investigaciones revelan métodos prácticos para sacar partido de los reveses.

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A menudo se dice que el fracaso es la madre del éxito. Y aunque puede que haya algo de cierto en ese cliché, la verdad es que no nos da ninguna receta para transformar una derrota en victoria, apunta Emmanuel Manalo, profesor de psicología educativa de la Universidad de Kioto. Como resultado, «aunque sabemos que no debemos rendirnos cuando las cosas salen mal, al final lo hacemos», comenta el investigador.

Manalo y Manu Kapur, profesor de ciencias del aprendizaje de la Escuela Politécnica de Zúrich, publicaron el pasado diciembre un número monográfico de la revista Thinking Skills and Creativity dedicado a cómo sacar partido del fracaso, con un total de 15 estudios que conforman una guía para docentes y pedagogos. Por ejemplo, un artículo concluye que, cuanto antes y más a menudo yerre un estudiante en una tarea, como construir un robot, más rápido logrará reponerse y mejorar. Otro confirmó que los consejos sobre el fracaso resultan más constructivos cuando quien los hace se muestra comprensivo y cuando el receptor está preparado para enfrentarse a emociones negativas.

Manalo y sus coautores también presentaron su propia investigación, centrada en superar una forma básica y cotidiana de fracaso: dejar una tarea a medias. Pidieron a 131 estudiantes universitarios que redactaran un trabajo sobre sus experiencias escolares pasadas. La mitad de ellos recibieron instrucciones para estructurar su escrito; los demás tuvieron que arreglárselas solos. A todos, sin embargo, se les interrumpió antes de que hubieran terminado. Los investigadores comprobaron que los estudiantes del primer grupo estaban más motivados para completar sus textos que aquellos que carecían de orientaciones, incluso si a estos últimos les faltaba menos para acabar. En otras palabras: saber cómo terminar era más importante que estar cerca de hacerlo.

Los investigadores bautizaron el hallazgo como «efecto Hemingway», dado que el estadounidense recomendaba no parar de escribir hasta tener claro lo que sucedería a continuación en la historia, a fin de evitar el «bloqueo de la página en blanco» al retomarla. Manalo cree que aprender a fallar ocasionalmente puede evitar fracasos continuos en numerosas tareas, desde completar una tesis o aprender un idioma hasta inventar un nuevo aparato.

Quitar hierro al fracaso y enseñar a los estudiantes a no temerlo hace que les resulte más fácil alcanzar sus metas, apunta Stephanie Couch, directora ejecutiva del programa Lemelson-MIT, una organización sin ánimo de lucro dedicada a incentivar y apoyar a los inventores. Couch, cuyo trabajo también apareció en el monográfico, añade que «en realidad, deberíamos concebir el fracaso como parte de un proceso iterativo hacia el éxito»

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