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Desmantelamiento de centrales nucleares

Desmontar una central nuclear que ha llegado al término de su vida útil es un asunto muy complejo, aunque tal vez por razones insospechadas.
Se exponen en el ayuntamiento de Wiscasset (estado de Maine) las ventajas de unos terrenos industriales, 330 hectáreas, que se espera se hallen pronto disponibles para nuevos usos. Tienen fácil acceso por carretera, ferrocarril y barco, abundan en agua corriente y están conectados ya a la red eléctrica de alta tensión. Distan menos de dos kilómetros del aeropuerto, el gobierno municipal es estable y los habitantes del lugar acogedores.
Tienen un grave inconveniente, sin embargo, nada despreciable: los terrenos son radiactivos. Y en parte lo seguirán siendo hasta más allá de 2023, y quizá hasta mucho después.
En ese lugar, 60 kilómetros al nordeste de Portland, se ubica Maine Yankee, una de las centrales de energía nuclear de uso comercial más antiguas de los Estados Unidos y una de las primeras en clausurarse. Desmantelar una instalación nuclear es una labor ingrata y compleja que no se supo valorar debidamente cuando estas centrales se construyeron.

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