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Larvas defoliadoras de los bosques australes

Las plagas de Ormiscodes amphimone son cada vez más frecuentes en el sur de Sudamérica, con miles de hectáreas afectadas.

Larva de O. amphimone sobre una rama. Las espinas que cubren todo su cuerpo son urticantes y se han convertido en un problema para las personas y los animales de la región. [CORTESÍA DE RONALD ROCCO]

Adentrarse en un bosque de lengas (Nothofagus pumilio) que está siendo devorado por larvas de la polilla Ormiscodes amphimone resulta una experiencia escalofriante. Podemos observar miles y miles de ellas: unas trepan por los troncos, otras comen hojas y otras cuelgan o caen de las ramas.

O. amphimone es una polilla fitófaga nativa de Chile y Argentina. Las larvas pueden alimentarse de varias decenas de especies de plantas. Si bien muestran preferencia por los bosques de lengas, cuando se hallan en expansión atacan a casi cualquier especie presente en el lugar.

La mayoría de los brotes se han producido en la región chilena de Aysén, que tiene una superficie como la de Portugal. Los ataques de este insecto se conocen desde hace tiempo en la zona, según han relatado habitantes y guardaparques. Sin embargo, desde el 2000 se han intensificado y ya han afectado a más de 200.000 hectáreas, lo que convierte a esta plaga en la mayor perturbación biótica de los bosques australes. El aumento en la superficie y la frecuencia de los brotes parece estar asociado al importante ascenso de las temperaturas en la región durante este siglo.

Nuestro grupo ha estimado la superficie forestal dañada a partir de información satelital y algoritmos diseñados específicamente para estas investigaciones. Debe subrayarse que la cifra antes mencionada es una estimación conservadora, dado que solo se han incluido datos confirmados en el campo. No se han valorado muchas otras zonas gravemente alteradas ubicadas en partes donde la inspección sobre el terreno reviste una enorme dificultad.

Cuando las larvas comen las hojas, el árbol no muere de inmediato, pero hemos determinado que a la temporada siguiente crece menos y, bajo los sucesivos y frecuentes ataques, el árbol termina por morir. Tal respuesta representa una amenaza importante para una región donde un tercio de los bosques son de lengas.

[El artículo completo (PDF) incluye un reportaje fotográfico de 2 páginas con imágenes de las larvas defoliadoras.]

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