Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

Transición de fase en una bandada

Un estudio indica que las grajillas en vuelo alternan entre el caos y el orden

Una bandada de grajillas. [GETTY IMAGES]

La grajilla (Corvus monedula) emplea dos conjuntos de reglas para el vuelo en grupo con resultados distintos, según una nueva investigación. Las bandadas que se dirigen a los dormideros invernales son ordenadas, sea cual sea su tamaño, mientras que las que se congregan para ahuyentar a los depredadores son desorganizadas al inicio en tanto son pequeñas, pero devienen súbitamente ordenadas si alcanzan cierto número de integrantes.

Las bacterias que nadan, las nubes de langostas, los bancos de peces y las bandadas de aves se desplazan como unidades cohesionadas. Este fenómeno aparece cuando se congregan individuos que siguen las mismas reglas, afirma Alex Thornton, que estudia la evolución de la cognición en la Universidad de Exeter. «Solemos pensar en el comportamiento colectivo como si fuera un fenómeno casi físico. Así que la idea de que los animales puedan cambiar las normas que aplican cuando el entorno y lo que están intentando conseguir son distintos resulta novedosa e interesante», afirma. Thornton es uno de los artífices del nuevo trabajo, descrito el noviembre pasado en Nature Communications.

Los autores filmaron el vuelo de grajillas silvestres en Cornualles con cuatro cámaras de alta velocidad sincronizadas, y cartografiaron la posición y la trayectoria de cada individuo.

De las 16 bandadas grabadas, seis eran de paso, pues regresaban a sus dormideros en las tardes de invierno. En esos grupos, fueran grandes o pequeños, cada grajilla variaba su trayectoria tomando como referencia un número fijo de vecinas y manteniendo siempre un orden.

Para provocar la formación de las «bandadas de acoso», mostraron a las aves un zorro disecado que sujetaba un pájaro falso aleteando y reprodujeron los graznidos que suelen lanzar para pedir auxilio contra los enemigos. En esa situación, las grajillas volaron siguiendo a todas las iguales que estaban situadas a una distancia fija. «Con esas normas [el acoso a un depredador], vemos cómo del caos brota el orden. Las bandadas son desorganizadas al principio, cuando son pequeñas, pero si su densidad alcanza cierto nivel, de pronto surge el orden —algo parecido a la licuefacción de un gas», explica. Esas transiciones nunca se habían observado en los pájaros, añade.

«La novedad reside en haber comparado la misma especie en distintos contextos ecológicos, que los investigadores propiciaron mediante una técnica ingeniosa», aclara Shashi Thutupalli, estudioso de la autoorganización de los sistemas vivos en el Centro Nacional de Ciencias Biológicas de la India que no participó en la investigación. Se pregunta si serían los individuos influyentes quienes encabezarían esos cambios de maniobra y si otras especies se comportan de modo parecido.

«Lo que nuestro trabajo pone de manifiesto es que no se puede prescindir del ambiente cuando se intenta modelizar el comportamiento colectivo en los sistemas biológicos», afirma Nicholas Ouellette, físico de la Universidad Stanford y uno de los autores del estudio. Según él, tomando como fuente de inspiración a la grajilla, tal vez los ingenieros usen algún día las respuestas dependientes del contexto para organizar flotas de drones destinadas a tareas de extinción de incendios, vigilancia o búsqueda y rescate: «Nos permite pensar en el diseño de sistemas más flexibles, que puedan modificar las normas para hacer el comportamiento más robusto.»

Puedes obtener el artículo en...

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.