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El ribosoma y la traducción genética

El alto grado de conservación del ribosoma en todos los organismos indica que su temprana aparición fue crucial para el desarrollo de la vida. Además de traducir la información genética en proteínas, participa en la regulación de la expresión génica.
Rocky Mountain Laboratories, NIAID
Todos los seres vivos se integran en uno u otro de los tres grandes reinos: Eubacteria, Arquea y Eucaria. El primer reino comprende organismos unicelulares minúsculos; por ejemplo, las bacterias Escherichia coli y Salmonella typhimurium, y todos los patógenos humanos de naturaleza bacteriana. El reino Arquea se compone también de organismos unicelulares de tamaño equiparable al de las bacterias, pero muy diferentes de ellas desde el punto de vista bioquímico. Acostumbran medrar en ambientes con temperaturas y condiciones químicas extremas. El resto de los organismos se encuentran en el reino Eucaria, que contiene a los seres vivos que nos son más familiares: las plantas, los animales y los hongos.
Si nos centramos en Eucaria, a primera vista parecería que la agrupación de organismos tan diferentes dentro de un mismo reino se hubiese realizado de forma caprichosa. ¿Cómo es posible que una levadura (subreino Fungi) o incluso un pino (subreino Plantae) estén bajo la misma categoría que los seres humanos (subreino Animalia)? Pese a la divergencia física entre dichos organismos, las células que los componen muestran semejanzas asombrosas. En efecto, todas las células de organismos eucariotas (los pertenecientes a Eucaria) tienen orgánulos, con funciones muy especializadas, de los que carecen las células de los otros dos reinos. Además, todas las células eucariotas poseen un núcleo celular, del que carecen las células de Eubacteria y Arquea. En el núcleo se encuentra la información genética, en forma de ADN. Esta compartimentalización del material genético no existe en los reinos Eubacteria y Arquea.

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