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Más duro que el diamante

Con altas presiones pueden conseguirse materiales sintéticos ultraduros con múltiples aplicaciones potenciales.
Cortesía de K. de Hantsetters, Almax Industries
Científicamente, se considera que un material es duro si se resiste a sufrir deformaciones plásticas o irreversibles. En una deformación irreversible, el material no recupera su forma original después de retirarse la carga que se le aplica. Las deformaciones implican el desplazamiento de átomos y la creación de defectos en el material. Se denominan materiales ultraduros (o superduros) aquellos que son casi indeformables; su arquetipo es el diamante.
Los materiales ultraduros reciben en la vida cotidiana múltiples aplicaciones. Mencionemos las herramientas de corte para la metalurgia, las brocas para las perforaciones en los pozos petrolíferos, la maquinaria para la construcción de carreteras, los recubrimientos protectores de los instrumentos de precisión, los recubrimientos de rodamientos y los de las superficies de los relojes de alta gama e incluso los polvos de los lavavajillas, las pastas de dientes y los implantes óseos. Como consecuencia de sus aplicaciones plurales, el mercado de los materiales ultraduros se encuentra en constante desarrollo y mueve grandes cantidades de dinero.
Tradicionalmente se utilizaron como materiales duros sustancias naturales: el diamante, el óxido de silicio --uno de los componentes de la arena-- o el óxido de aluminio. Durante el siglo xx se empezaron a producir de forma artificial, al propio tiempo que se creaban en los laboratorios nuevos materiales --el carburo de tungsteno, el nitruro de boro-- que se fueron incorporando poco a poco a la actividad industrial.

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