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1 de Agosto de 1989
Química

Los actínidos

Muestran un comportamiento semejante a los elementos de transición y diferente de los lantánidos. Esa característica permite establecer una nueva ordenación de los elementos del séptimo período.

Debemos a Julius Lothar Meyer, de la Universidad de Karlsruhe, y a Dmitri lvanovich Mendeliev, de la Universidad de San Petersburgo, el descubrimiento, hace poco más de un siglo, de la tabla periódica, hallazgo que catapultó la química a la categoría de disciplina científica. En su versión actual, la ley que subyace bajo dicha tabla establece que las propiedades de los elementos, así como la de sus combinaciones, varían periódicamente con el número atómico Z; este número, descubierto ya en 1913, corresponde al número ordinal de cada elemento en dicha tabla y representa el número de protones en el núcleo y, por tanto, el de electrones en la corteza. (El protón es una partícula de masa aproximadamente la unidad en la escala usual de masas atómicas y de carga positiva e igual, en valor absoluto, a la negativa del electrón.)

Solemos representar el sistema periódico mediante una tabla de doble entrada en la que las filas se llaman períodos y, grupos, las columnas. Hay siete períodos y 18 columnas. En razón de ese carácter periódico, los elementos de cada grupo, de la misma columna, poseen propiedades químicas semejantes; en lógica coherencia, la variación de las propiedades a lo largo de los períodos será semejante para todos ellos. Pero conviene aclarar en seguida que ese comportamiento resulta más convincente para los grupos, las columnas, IA, IIA, IIIA y siguientes hasta el de los gases inertes (inclusive) que para el resto. De ahí que la ley periódica no deba considerarse una ley exacta, sino sólo aproximada.

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