¿Debe ser neutral la ciencia?

Los científicos deben admitir que tienen valores para recuperar la confianza social.

JAY BENDT

En los esfuerzos por recuperar la confianza de la sociedad en la ciencia, abandonada en diversos ámbitos en los últimos años, la comunidad científica puede verse tentada a reafirmar su neutralidad. Con frecuencia he escuchado defender a mis colegas que, si la gente ha de volver a creer en nosotros, hemos de procurar que nuestros valores no interfieran en la labor científica. Esto presupone que la neutralidad valorativa es necesaria para ganar la confianza del público, y que es posible alcanzarla. Pero las pruebas disponibles indican que ninguna de esas dos suposiciones es correcta.

La investigación reciente en materia de comunicación ha demostrado que las personas tienen más probabilidades de aceptar un mensaje cuando este es emitido por mensajeros de confianza, como profesores, líderes religiosos o empresariales, o médicos y enfermeras locales. Una estrategia para que los científicos consigan esa confianza es establecer vínculos desde sus laboratorios, institutos y departamentos académicos con las comunidades en las que viven y trabajan. Una forma de hacerlo es asociarse con organizaciones como el Centro Nacional para la Educación en Ciencias de EE.UU., fundado para luchar contra el creacionismo en las aulas pero que ahora trabaja con los profesores para aumentar la comprensión de la naturaleza de la ciencia. Para hacerlo, los científicos no precisan desprenderse de sus valores personales; simplemente necesitan compartir con los profesores su creencia en el valor de la educación. Se trata de una cuestión importante, porque las investigaciones indican que, aunque lo intentemos, no podemos desprendernos de nuestros valores.

Es bien sabido que las personas son más propensas a aceptar las pruebas que concuerdan con lo que ya creen. Los psicólogos lo llaman «razonamiento motivado» y, aunque el término es relativamente reciente, la idea que representa no. Hace cuatrocientos años, Francis Bacon lo expresó de la siguiente forma: «El entendimiento humano no es puro, sino que se ve influido por su voluntad y sus emociones […] el hombre prefiere creer aquello que desea que sea cierto».

Los científicos tal vez supongan que el razonamiento motivado explica las posiciones erróneas —por ejemplo, el rechazo a ponerse mascarilla para limitar la propagación de la COVID-19— pero tiene pocas repercusiones en la ciencia. Desgraciadamente, hay pocas pruebas que respalden esa suposición.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso a la revista?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.