El primer libro de fotografías de botánica

La naturalista del siglo XIX Anna Atkins recolectaba algas y tomaba fotografías de los especímenes con la entonces técnica puntera de la cianotipia.

Chordaria flagelliformis. Como tantas otras algas pardas o feofíceas, esta especie contiene fucoidanos, azúcares que se estudian desde hace tiempo como posibles reguladores del sistema inmunitario o como anticoagulantes. [COLECCIÓN SPENCER, BIBLIOTECA PÚBLICA DE NUEVA YORK]

Nacida en Inglaterra en 1799, Anna Atkins era aficionada a la botánica, un pasatiempo que la sociedad británica contemporánea consideraba apropiado para una dama. Recogió y dibujó a mano cientos de algas que halló en sus excursiones por las costas de toda Gran Bretaña. Pero, como la propia Atkins explicó a un amigo, algunos especímenes eran tan pequeños y prolijos en detalles que no tuvo más opción que probar con otra técnica de documentación, novedosa en aquella época.

A mediados de la década de 1840, el astrónomo y químico inglés John Herschel inició a Atkins en su nuevo método de fotografía. Cuando extendía sales de hierro sobre una hoja de papel y la dejaba expuesta al sol, la luz volvía azul el papel, salvo la parte cubierta por cualquier objeto que hubiese depositado encima. Herschel llamó a la técnica cianotipia.

Atkins aplicó el método a sus especímenes de algas, alisándolos con cuidado, pues se volvían muy frágiles al sacarlos fuera del agua, de modo que la combinación de los reactivos químicos con la luz solar dejó una impresión duradera de sus colecciones en las páginas. Esta botánica pionera recopiló sus cianotipos de algas en tres volúmenes titulados Photographs of British algae: Cyanotype impressions, de los que solo se conoce una docena de copias. El primer volumen, que vio la luz en octubre de 1843, se considera el primer libro de fotografías jamás publicado.

<em><strong>Himanthalia lorea</strong></em><strong>.</strong> En las tiendas de comestibles puede comprarse una pariente cercana de esta feofícea, <em>Himanthalia elongata</em>, con la etiqueta de «espaguetis de mar». Cosechada desde hace siglos en las costas francesas, españolas y portuguesas, este sucedáneo de la pasta podría estar en regresión debido al calentamiento de los océanos. [COLECCIÓN SPENCER, BIBLIOTECA PÚBLICA DE NUEVA YORK]

<em><strong>Cystoseira granulata</strong></em><strong>.</strong> Esta especie y otras emparentadas con ella brotan en densos bosques submarinos a lo largo de la costa. Hoy no es tan abundante como en los días en que Atkins recogió este ejemplar. Los biólogos sospechan que la contaminación de las aguas, la eutrofización por el exceso de nutrientes y su turbidez creciente están acabando con este género de algas marinas. [COLECCIÓN SPENCER, BIBLIOTECA PÚBLICA DE NUEVA YORK]

<strong><em>Halymenia ligulata var. latifolia</em>.</strong> La fotografía de esta alga constituye un documento sobre la naturaleza progresiva del método científico: los análisis de ADN han demostrado que, bajo el nombre científico acuñado en su momento, <em>Halymenia latifolia</em>, se ocultaban en realidad tres especies de alga al menos. [COLECCIÓN SPENCER, BIBLIOTECA PÚBLICA DE NUEVA YORK]

<em><strong>Furcellaria fastigiata</strong></em><strong>.</strong> Como otras algas rojas o rodófitas, esta especie fabrica azúcares que los científicos transforman en espesantes alimentarios. El extracto de <em>Furcellaria</em> se conoce con el nombre de furcelarano o agar danés. [COLECCIÓN SPENCER, BIBLIOTECA PÚBLICA DE NUEVA YORK]

<strong><em>Dictyota dichotoma</em></strong> en estado juvenil y maduro. Se ha demostrado que las especies de <em>Dictyota</em>, un género de feofíceas, podrían emplearse como aditivo alimentario para reducir el metano (gas de efecto invernadero) que las vacas liberan con las flatulencias y los eructos. [COLECCIÓN SPENCER, BIBLIOTECA PÚBLICA DE NUEVA YORK]

<em><strong>Rhodomela subfusca, una rodófita</strong></em><strong>.</strong> Los científicos dedican tiempo y recursos a las algas porque, por lo general, los organismos fotosintéticos permanecen siempre fijos en un lugar soportando los cambios de temperatura, salinidad y disponibilidad de nutrientes. Para prosperar, las algas sintetizan compuestos únicos, moléculas que probablemente no se hallen en ningún otro lugar y que podrían ser de interés para la ciencia y la industria. [COLECCIÓN SPENCER, BIBLIOTECA PÚBLICA DE NUEVA YORK]

<em><strong>Alaria esculenta</strong></em><strong>.</strong> Este fragmento en forma de cinta pertenece a una especie muy apreciada por los cultivadores de algas del estado de Maine, donde fue una de las tres primeras especies cultivadas a escala comercial en EE.UU. [COLECCIÓN SPENCER, BIBLIOTECA PÚBLICA DE NUEVA YORK]

 

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