Los signos y el significado en la naturaleza

Una disciplina joven, la biosemiótica, investiga el entrelazamiento de los signos y la vida a todos los niveles.

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Nos resulta habitual hablar en términos semióticos o lingüísticos (relativos a la codificación) de los aspectos más centrales de la biología. Por ejemplo, en genética molecular están asentadas voces como código genético, información genética, copia o traducción. Es también normal usar términos semióticos (relativos a los signos y la comunicación) para las actividades de especies no humanas, como señales, avisos o llamadas. Y, del mismo modo, también se ha establecido el uso de términos semióticos para denominar procesos biomoleculares más allá de los genéticos. Así, en neurología o inmunología son corrientes palabras como señal, reconocimiento o comunicación.

A primera vista podría parecer que la biología y la semiótica tienen poco que ver entre sí. No en vano, las clasificamos en campos de conocimiento separados, asignándolas respectivamente a las ciencias naturales y a las humanas. De hecho, en biología no se suelen asumir por completo las implicaciones de la terminología semiótica empleada. Y a la inversa, en semiótica o semiología la cuestión de la procedencia o de la constitución biológica del lenguaje ha sido incluso vista con suspicacia, en tanto que intento no solicitado de naturalización. Pues bien, la biosemiótica, entendida como una «agenda de investigación interdisciplinar», busca precisamente explicitar y asumir por completo esa conexión entre biología y semiótica.

Es cierto que, por un lado, en filosofía de la biología y en las áreas más teóricas de la biología se discute hasta qué punto es satisfactorio sostener que el uso de la terminología lingüístico-informacional sea meramente metafórico. Para algunos autores, ha de encuadrarse en el marco de la teoría de la comunicación shannoniana. Para otros, llanamente, se trata de un vocabulario inadecuado que deberíamos sustituir poco a poco. Pero también hay quien, como Maynard Smith, apuesta por dar cuenta del componente semántico o intencional de forma naturalizada apelando, por ejemplo, a la selección natural.

Por otro lado, las investigaciones sobre la comunicación no humana, entendida en forma de sistemas de signos, reciben cada vez más atención en las ciencias del comportamiento animal. Asimismo, las consideraciones biológicas, evolutivas y fisiológicas se van abriendo camino en los estudios semióticos sobre el lenguaje, que abordan ya sus orígenes, vías de evolución y desarrollo, así como sus condicionantes orgánicos y ambientales. Empieza a ser habitual encontrar corrientes, tanto en las ciencias biológicas como en las ciencias de la comunicación y de los signos, que cruzan los límites disciplinares. Sin embargo, la biosemiótica pretende ir mucho más allá, pues aspira a transformar radicalmente los dos ámbitos disciplinares que conecta.

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