Mordedura de serpiente

Se demuestra la evolución de los colmillos especializados en inyectar veneno.

Cráneo de una víbora del Gabón armado de colmillos prominentes. [JOE McDONALD/GETTY IMAGES]

El mundo alberga cientos de serpientes venenosas de aspecto radicalmente distinto, desde las llamativas corales listadas hasta los crípticos mocasines. De algún modo, hasta las especies más alejadas entre sí adquirieron colmillos especializados provistos de surcos por los que circula el veneno, una incógnita duradera que nuevas investigaciones podrían haber resuelto. Según Alessandro Palci, herpetólogo de la Universidad Flinders, en Adelaida, la respuesta ha permanecido oculta en la cavidad bucal de estos reptiles durante todo este tiempo.

Resulta que los dientes de la mayoría de los ofidios poseen un anillo de hendiduras diminutas en torno a la base, describen Palci y los demás autores del estudio en Proceedings of the Royal Society B. Ese tejido dental picado, denominado plicidentina, ayuda a fijar las piezas a las mandíbulas. «Antes de nuestro trabajo se pensaba que la plicidentina solo estaba presente en tres tipos de lagartos actuales», aclara Palci. Según el estudio, en realidad parece ser ubicuo en las serpientes.

Y esos anclajes dentales han adoptado otra función en las especies venenosas, afirman los investigadores. Mediante la observación de muestras de tejido al microscopio y microtomografías dentales han averiguado que, en los dientes adyacentes a las glándulas de veneno, los pliegues de plicidentina se han convertido en largas acanaladuras que ayudan a que el veneno fluya desde la glándula al colmillo y de este a la presa.

Tomografías de colmillos. [De «Plicidentine and the repeated origins of snake venom fangs», por Alessandro Palci, en <em>Proceedings of the Royal Society B</em>, vol. 288, 11 de agosto de 2021]


Este descubrimiento indica que las actuales serpientes venenosas no tuvieron que comenzar de cero para adquirir una mordedura mortal. Palci destaca que son muchas las que producen saliva tóxica y que los dientes provistos de surcos muy pronunciados de plicidentina facilitan que el veneno segregado fluya con más rapidez. La reiteración de este cambio a lo largo de generaciones acaba dando como resultado los colmillos inyectores de veneno.

«Me encanta ver cómo las modernas técnicas de imagen y las bellas microtomografías se aplican para la resolución de una pregunta clásica», afirma Kate Jackson, herpetóloga del Colegio Whitman, en el estado de Washington, sin relación con el nuevo estudio. Matiza que las serpientes también podrían haber adquirido los colmillos a través de otras vías. Por ejemplo, numerosas especies piscívoras poseen dientes acanalados que ayudan a sujetar las presas escurridizas y esos surcos podrían haberse convertido con el tiempo en conductos del veneno. No obstante, esta especialista cree que el estudio revela una nueva característica común de las serpientes y puede brindar pistas a los herpetólogos sobre la evolución de los colmillos en distintos momentos y de forma independiente.

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