Punto de encuentro de las aves marinas

Millones de ellas convergen en una gran zona del Atlántico Norte.

Frailecillo común (Fratercula arctica). [GETTY IMAGES/GLOBALP/ISTOCK]

Cada año millones de aves marinas procedentes de latitudes remotas se congregan en una vasta región del océano, situada a medio camino entre Escocia y las Bermudas. En un nuevo estudio publicado en Conservation Letters en el que se han analizado décadas de datos de seguimiento, se afirma que al menos cinco millones de aves migratorias, representantes de unas dos docenas de especies de ambos hemisferios, buscan alimento en una región del Atlántico Norte de casi 600.000 kilómetros cuadrados.

Hace tiempo que los ecólogos sospechaban que el norte del Atlántico era una zona esencial de alimentación para las aves marinas en migración, pero carecían de datos sobre los desplazamientos que justificasen la protección de esas aguas internacionales. Las aves marinas migratorias son «uno de los taxones más amenazados en este momento», explica Tammy Davies, especialista en conservación de BirdLife International y autora principal del estudio. Las poblaciones de 17 de las 21 especies estudiadas, como los frailecillos, los charranes árticos o los petreles cahow, están en regresión. Sufren la presión de la contaminación, la sobrepesca y las grandes redes industriales, donde quedan atrapadas junto con sus presas. Si bien las colonias de cría en tierra firme suelen estar protegidas, los lugares de alimentación quedan fuera de cualquier jurisdicción nacional por su emplazamiento en alta mar.

El análisis vía satélite de los movimientos migratorios a escala individual ha sorprendido a los investigadores por su enorme número y diversidad, así como por la continuidad del tránsito por esa parte del océano a lo largo de todo el año. «Lo que resulta sorprendente es la cantidad de especies que se congregan en esta área y las distancias que algunas recorren para llegar a ella. Hay ejemplares del remoto Atlántico Sur que viajan 13.000 kilómetros para alimentarse aquí. Sin duda ha de haber algo fabuloso para que emprendan semejante periplo», opina Davies.

Ese «algo fabuloso» probablemente sea un festín brindado por la convergencia de las corrientes marinas, apunta un estudio complementario publicado en Progress in Oceanography. En él se aúnan los datos satelitales y los modelos informáticos con la clásica observación ornitológica desde un buque que atravesó el Atlántico Norte en 2017. «Creo que aún queda mucho que aprender de la observación directa», afirma el ecólogo de la Universidad de Glasgow Ewan Wakefield, autor principal de este segundo estudio.

En el punto de encuentro, las aves permanecen en esas ricas corrientes cargadas de alimento, explica. Los investigadores observaron incluso que diferentes especies prefieren corrientes distintas, seguramente impulsadas por sus preferencias alimentarias y variaciones en sus hábitos de pesca, como el buceo.

«Resulta increíble haber descubierto un lugar que tiene esa importancia tan singular para las aves marinas, desde las más chicas hasta las pelágicas, de mayor envergadura», afirma la ecóloga Autumn-Lynn Harrison, ajena al estudio. «Es un lugar que satisface a todas.»

Esperan que esos nuevos datos impulsen a la Convención Internacional para la Protección del Entorno Marino del Noreste Atlántico a designar área protegida la región y que esto sirva como precedente para otras similares situadas en alta mar.

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