Ríos de mercurio

Grandes cantidades de este metal tóxico acaban en los caladeros costeros a través de los cursos fluviales.

Los meandros de un río serpentean a través de una isla de Guinea-Bissau, en África Occidental. [SI IMAGING SERVICES, IMAZINS Y GETTY IMAGES]

Los ríos podrían estar vertiendo cada año hasta un millar de toneladas de mercurio en las costas del planeta, advierte un equipo científico en un artículo de Nature Geoscience. Esto los convertiría en la principal vía por la que esta potente neurotoxina alcanza las costas marinas, donde entraña una grave amenaza para la salud pública.

La exposición humana al mercurio está vinculada en gran medida a las pesquerías costeras, donde este metal pesado se acumula en los organismos marinos que acaban en nuestra mesa. Pero una parte relativamente pequeña de toda esa contaminación se origina a lo largo del litoral; el grueso procede de fuentes situadas tierra adentro, como incendios forestales, minas y centrales eléctricas de carbón. Desde hacía tiempo se creía que este metal tóxico viajaba básicamente a través de la atmósfera en forma de vapor o unido a partículas pequeñas en suspensión, pero los nuevos hallazgos indican que los ríos serían el principal canal del mercurio costero.

Los biogeoquímicos de la Universidad Yale Maodian Liu y Peter Raymond han trabajado con otros colegas aunando mediciones de mercurio de ríos de todo el planeta con datos y simulaciones que describen el modo en que los sedimentos y las formas biológicas de carbono se desplazan por las vías acuáticas. «Estos dos elementos [mercurio y carbono] van ligados porque el mercurio suele quedar unido al carbono orgánico en los suelos y los ríos», aclara Raymond. El nuevo modelo de los investigadores indica que los ríos podrían estar transportando una cantidad de mercurio alrededor de tres veces mayor que la atmósfera, y que la mitad de ese total la aportarían los diez ríos más caudalosos del planeta.

Antes ya se había intentado calcular la cantidad de mercurio transportada por los cursos fluviales, pero la mayoría de tales estudios «eran rudimentarios», asegura Lars-Eric Heimbürger-Boavida, investigador del Instituto Mediterráneo de Oceanografía que no ha participado en el nuevo estudio. En la mayoría de los trabajos precedentes se tomaban concentraciones promedio extrapoladas de mediciones hechas en determinados ríos, destaca, «con la premisa de que en otros ríos serían similares». Heimbürger-Boavida alaba el uso de un gran conjunto de datos mundiales, pero advierte de que otras investigaciones podrían definir «costero» de modo distinto, cosa que conduciría a otro cálculo final del impacto de los ríos en comparación con el de la atmósfera.

Según Susan Egan Keane, especialista en salud pública en el Consejo de Defensa de Recursos Naturales, los modelos del ciclo del mercurio, donde se refleja la entrada, la salida y la migración de esta sustancia a través del ambiente, son «el pan de cada día» en la evaluación del riesgo que entraña este contaminante. «Así se predice el modo en que las variaciones en las emisiones [...] se traducen en los cambios previstos de la concentración en el pescado, que a su vez se traducen en cambios en la exposición del ser humano», explica.

Los investigadores subrayan que el aporte de agua y sedimentos de numerosos ríos caudalosos aumentará con el calentamiento planetario, un proceso que podría aumentar el mercurio acarreado. La fusión del permafrost y la variación de las temperaturas marinas también podrían influir en el ciclo de mercurio, explica Keane.

Conocer el papel de los ríos supone un paso adelante hacia una visión más completa del ciclo. Esta información ayudará a los expertos a prever y responder a los peligros del mercurio en un futuro incierto y a predecir mejor cómo reaccionará nuestro planeta a los esfuerzos mundiales por reducir las emisiones de mercurio.

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