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El exterminador de estrellas de mar

Un robot cargado de veneno da caza a los equinodermos que están destruyendo el arrecife coralino más célebre del mundo.

CORTESÍA DE LA UNIVERSIDAD POLITÉCNICA DE QUEENSLAND

La Gran Barrera de Coral contará con un protector robótico desde principios de este invierno. El vehículo autónomo subacuático está programado para patrullar esa gran muralla viviente en busca de la destructiva corona de espinas (cuyas siglas en inglés son COTS), a la que mata con una inyección letal. Esta estrella de mar devora los pólipos de coral; aunque es autóctona del arrecife, su población ha experimentado un crecimiento desaforado en los últimos años, posiblemente por la sobrepesca de sus depredadores naturales. El último informe de la administración del Parque Marino de la Gran Barrera de Coral califica a este invertebrado como una amenaza equiparable al cambio climático o la actividad humana para el arrecife, que ha perdido la mitad de su masa coralina entre 1985 y 2012.

COTSbot, concebido por expertos en robótica de la Universidad Politécnica de Queensland en Australia, podría frenar la invasión de las estrellas. Dotado de inteligencia artificial, en las pruebas de laboratorio ha sabido reconocer su objetivo con un 99,4por ciento de precisión. «Es tan bueno que no se deja engañar ni por los señuelos artificiales que introducimos; solo ataca a las estrellas vivas», asegura Matthew Dunbabin. Una flotilla de COTSbots podría ser un refuerzo decisivo para los buceadores que extraen o envenenan las estrellas a mano y, además, podría operar con mal tiempo o en corrientes fuertes. También serían útiles por la noche, cuando las estrellas son más activas y las inmersiones están prohibidas.

 

CÓMO FUNCIONA:

1. El COTSbot sigue un derrotero programado, recorriendo de aquí para allá la Gran Barrera impulsado por sus cinco hélices. El robot navega muy cerca de los arrecifes, sin llegar a chocar con su delicada estructura, gracias a un sonar y diversas cámaras.

2. Las cámaras rastrean el entorno en busca de estrellas, distinguibles por sus tonos violáceos, los brazos espinosos y el movimiento deslizante. Los equinodermos a menudo repliegan los brazos y se ocultan bajo los salientes de coral, pero el software del robot ha sido programado para reconocer este tipo de posturas.

3. Cuando descubre una corona de espinas, despliega el brazo neumático equipado con una aguja y le inyecta 10 mililitros de sales biliares venenosas. El compuesto digiere el equinodermo desde dentro.

4. La estrella envenenada muere en 24 horas sin oportunidad de escisión ni regeneración (una táctica de supervivencia que es una bendición para la estrella pero un quebradero de cabeza para todo aquel que intenta contener su proliferación).

5. Los depósitos del vehículo albergan veneno suficiente para matar más de 200 estrellas en una patrulla de cuatro a ocho horas. La rapidez es crucial porque una sola estrella llega a engendrar millones de larvas.

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