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1 de Agosto de 1995
Virología

Margarita Salas: la pasión vírica

«Hay que hacer ciencia básica. Si se intenta investigar para obtener una aplicación inmediata no se llega a descubrir nada.» 

Margarita Salas [CSIC - Consejo Superior de Investigaciones Científicas]

Nota de los editores: Margarita Salas falleció el 7 de noviembre de 2019. La investigadora, que seguía en activo en su laboratorio del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa de Madrid a sus ochenta años, ha sido una de las científicas españolas más relevantes del s.XX. En la siguiente entrevista Salas nos contaba sus inicios y algunos de los logros más importantes de su carrera. El contenido completo del artículo puede descargarse de forma gratuita (pdf). 

La silueta del bacteriófago φ 29, con su prominente cabeza en forma de icosaedro alargado que recuerda una bombilla, dibujado con tiza en una pizarra, preside el minúsculo despacho, más o menos la trastienda del laboratorio, que ocupa, en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, Margarita Salas.

Este microorganismo era sólo un virus huésped de Bacillus subtilis, una bacteria del suelo, hasta que Salas lo adoptó como modelo experimental en sus estudios básicos de biología molecular, a su regreso a España en 1967, después de tres años en el equipo dirigido por Ochoa en el Departamento de Bioquímica de la Universidad de Nueva York.

Allí, Ochoa decidió separarla de Eladio Viñuela, con quien hasta ese momento compartía sus investigaciones en bioquímica clásica. Gracias a esa decisión, y en el ambiente científico estadounidense, muy distinto del que se respiraba en la España de los sesenta, se liberó de ser primero "la novia" y, más tarde, "la mujer de Eladio Viñuela", una situación a la que "nunca me resigné".

Salas había cursado química en la Universidad Complutense de Madrid. Su trabajo de doctorado le mereció el premio Torres Quevedo. El asunto interesó, como información social, al periódico de Oviedo, donde nació hace 57 años, por tratarse de "una asturiana", hija de un conocido médico, el doctor José Salas, más que por el  hallazgo de una glucoquinasa específica relacionada con el metabolismo de la insulina.

Conoció a Severo Ochoa cuando cursaba el tercer año de carrera, en una de las visitas que el Nobel solía hacer a Oviedo. Le unía al investigador un parentesco político lejano y la amistad entre entre el doctor Salas y Ochoa.

La joven estudiante quedó fascinada con el mundo que entrevió a través del entonces nacionalizado norteamericano. Y Ochoa, que tal vez intuyó en su curiosidad una genuina vocación, prometió enviarle, y le envió, un libro sobre la investigación en bioquímica.

En el equipo de Ochoa, Salas contribuyó a determinar la dirección 3-5, en la que se produce la lectura del mensaje genético en los ARN mensajeros, que transmiten la información genética contenida en el ADN, a la maquinaria de síntesis de proteínas en el citoplasma. "Parece una tontería, pero había que demostrarlo", dice rotunda.

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