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1 de Noviembre de 2017
Política

La marginación económica de las mujeres

El acceso de las mujeres al mercado de trabajo redunda en beneficio de todos. ¿Por qué cuesta tanto superar las barreras que coartan sus oportunidades?

Cerrar la brecha de género en el empleo haría que la productividad aumentase un 12 por ciento en el África subsahariana. [EDWIN REMSBERG, GETTY IMAGES]

En síntesis

Mejorar el acceso de las mujeres a la actividad económica, la educación y la libertad reproductiva conduce a un mayor bienestar para todo el mundo.

Las últimas décadas han conocido notables progresos en la reducción de las brechas de género, sobre todo en los países en desarrollo. Sin embargo, aún existen disparidades persistentes.

Los programas más prometedores son aquellos que abordan ciertas normas sociales profundamente instauradas, por lo que deberían intensificarse y expandirse.

A lo largo de los últimos cincuenta años, las mujeres y las niñas de los países en desarrollo han logrado enormes progresos. Multitud de datos corroboran esta tendencia. La esperanza de vida al nacer pasó de 54 años en 1960 a 72 en 2008. En el mismo período, hemos visto el mayor descenso de natalidad jamás registrado en el globo. Tales cambios reflejan avances para las mujeres en numerosos frentes: educación, empleo, salud reproductiva y toma de decisiones, todo lo cual ha ocurrido en el mundo en desarrollo más deprisa de lo que lo hiciera en las naciones que hoy son ricas. La India tardó 44 años, e Irán solo 10, en pasar de seis a tres nacimientos por mujer. En EE.UU., en cambio, la misma transición requirió 123 años. Hoy, dos tercios de los países han alcanzado la paridad de género en la participación en educación primaria, y en más de un tercio hay más chicas que chicos en la escuela. En lo que constituye una inversión asombrosa de las pautas históricas, hoy las mujeres dan cuenta de la mayoría de los titulados universitarios. Y en las últimas tres décadas se han incorporado al mercado laboral más de 500 millones de mujeres, lo que implica que, en la actualidad, la población femenina da cuenta de cuatro de cada diez trabajadores en el mundo.

En medio de todo este progreso, sin embargo, las brechas que aún subsisten se resisten a cerrarse. Aunque, en conjunto, las mujeres viven más que los hombres, en algunas zonas, como el África subsahariana, la probabilidad de que mueran al dar a luz resulta tan elevada como lo era para las mujeres del norte de Europa en el siglo XIX, antes de la introducción de los antibióticos. La población femenina es aún minoría en los puestos de poder en la política o la empresa. Y, aunque muchas de ellas trabajan hoy a cambio de un salario, su talento, capacidades y educación se siguen apreciando de forma distinta que los de los hombres.

Tales injusticias resultan indignantes. Enfrentarse a ellas supone abordar a la vez un problema de derechos humanos y un objetivo clave del desarrollo. Y, al igual que el desarrollo se traduce en menos pobreza y en servicios más accesibles para todos, con él crecen las libertades. Facilita aprovechar las oportunidades y elegir una trayectoria vital. Para nosotras, perseguir la igualdad de género (y, en concreto, que las mujeres puedan acceder a actividades que les generen ingresos) es una estrategia que por sí misma contribuye al desarrollo, no solo al revés.

Cerrar por completo la brecha de bienestar entre ambos sexos requiere actuar en el momento oportuno y de forma específica e intencional. Hay unas pocas formas básicas de hacerlo. En primer lugar, eliminando las barreras que hoy impiden que las mujeres aprovechen las oportunidades económicas igual que los hombres; ello aumentaría la productividad y, por tanto, los ingresos para todo el mundo. Segundo, mejorando la educación, la salud y, en líneas generales, la capacidad de las mujeres para actuar con independencia, lo que mejoraría la vida tanto de las madres como la de sus hijos e hijas. Por último, aumentando la representación femenina en los puestos de poder, lo que reorienta la política y el gasto hacia el saneamiento, la escolarización y la salud. Sin embargo, promover estas líneas de acción resulta mucho más difícil que identificarlas.

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