Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Noviembre de 2017
Comunicación

La resistencia a los antibióticos padece un problema lingüístico

La confusión en el uso de las palabras socava la respuesta global a la creciente ineficacia de los fármacos antimicrobianos. Los expertos defienden la necesidad de armonizar la terminología cuanto antes.

Las tácticas radicales para frenar la propagación de ciertos patógenos como los Staphylococcus aureus resistentes a la meticilina (SARM) se beneficiarían de un frente unido, también en la terminología. [JAMES GATHANY, CENTROS PARA EL CONTROL Y LA PREVENCIÓN DE ENFERMEDADES (CDC)]

Un año más, la OMS ha organizado del 13 al 19 de este mes la Semana Mundial de Concienciación sobre el Uso de los Antibióticos. Sabemos desde hace décadas que las bacterias, los virus y los hongos son cada vez más resistentes a los medicamentos antiinfecciosos. La respuesta global a este complejo problema de salud pública (la comúnmente llamada «resistencia a los antimicrobianos») exige el compromiso de toda una serie de actores que incluye a Gobiernos, organismos reguladores, ciudadanos y especialistas en sanidad, alimentación, medioambiente, economía, comercio e industria.

Pero los integrantes de todos esos ámbitos tan dispares se hallan enzarzados en un diálogo de sordos. Muchos de los vocablos que emplean habitualmente para describir el problema no se comprenden bien, son malinterpretados o están cargados de connotaciones poco constructivas.

El pasado 16 de marzo, la ONU creó un grupo interinstitucional destinado a coordinar la lucha contra la resistencia a los medicamentos. Desde este artículo instamos a que, como una de sus medidas prioritarias, dicho grupo coordine una revisión de la terminología empleada por las principales partes interesadas. Tal iniciativa mejoraría la comprensión en todos los ámbitos y contribuiría a generar una respuesta global dirigida y coherente.

Cegados por la ciencia
Una encuesta impulsada por la OMS durante 2015 en una docena de países puso de manifiesto el desconocimiento del lenguaje propio de la resistencia a los antibióticos entre la ciudadanía. Menos de la mitad de los casi 10.000 encuestados había oído hablar en alguna ocasión de la «resistencia a los antimicrobianos» y solo una quinta parte sabía que su abreviatura (inglesa) es «AMR». En cambio, más de dos tercios conocían los términos «resistencia a los antibióticos» o «resistencia a los medicamentos».

Otro estudio similar publicado ese mismo año referente a los ciudadanos del Reino Unido (organizado por Wellcome Trust, una entidad benéfica de ámbito biomédico) reveló un panorama equiparable.

El uso indistinto de los términos por parte de la prensa y de la comunidad científica en sus publicaciones y encuentros probablemente resulte contraproducente. Tomemos como ejemplo la producción de alimentos. En los últimos años, diversos sectores han instado a retirar progresivamente y prohibir el uso de los «antimicrobianos» como promotores del crecimiento en los animales de granja, con el propósito de salvaguardar a la población de los crecientes niveles de bacterias farmacorresistentes [véase «Resistencia antibiótica surgida de las granjas», por Melinda Wenner Moyer; Investigación y Ciencia, febrero de 2017].

Pero, por definición, los antimicrobianos abarcan medicamentos que desempeñan un papel esencial en el sostenimiento de los actuales niveles de rendimiento de la producción avícola en todo el mundo, puesto que reducen la inflamación del intestino causada por un tipo de microbios parásitos, los coccidios. Los anticoccidiales no ejercen efecto alguno en las bacterias y no generan resistencia bacteriana ni en el hombre ni en otros animales. Al no tener en cuenta este factor, la petición de prohibir todos los antimicrobianos usados para acelerar el crecimiento podría poner en riesgo la seguridad alimentaria.

Artículos relacionados

Este artículo incluye

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.